Lunes, 11 de diciembre de 2017

Cambios a tener muy en cuenta

Estoy haciendo una sustitución, dando clases de Geografía en un instituto, a jóvenes de 2º de Bachillerato, y, siempre que me presento, les aviso que hay muchas cosas que damos por supuestas, en todas las materias, y que no son tan simples como nos son descritas. Por ejemplo, la Tierra nos es representada como una esfera, achatada por los polos, siendo, en realidad, un geoide, más próxima a la forma de una patata que a una superficie regular. Además, dicha descripción suele venir acompañada de un giro rotacional casi perfecto, aún cuando el eje de la Tierra oscila constantemente, si bien de forma mínima. De hecho, en los mapas topográficos, entre los datos aportados, se nos muestra la Declinación Magnética, es decir, la diferencia existente entre el norte geográfico, el del propio mapa, y el norte magnético, el señalado por cualquier brújula en ese punto. Esta declinación cambia muy lentamente, dependiendo de lo alejado que se encuentre de los polos magnéticos, siendo de entre 2 y 2,5 grados a lo largo de un siglo.

Quiere la cosa que este escaso par de grados de variación se están viendo acelerados por el cambio climático. El calentamiento global que hemos provocado, está provocando un cambio de distribución en las grandes masas de hielo planetario, lo que está causando una modificación más rápido de los habitual del Polo Norte y, por tanto, del movimiento del eje de rotación terrestre. Así lo afirman los investigadores Surendra Ahikari y Erik Ivins, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa, en un reciente artículo, publicado en la revista Science Avances, donde demuestran cómo el movimiento hídrico contribuye a las oscilaciones de rotación planetarias: sobre el año 2000, el eje de rotación dio un brusco giro hacia el este, pero, ahora mismo, ha variado radicalmente y se desplaza hacia el oeste. Además, la velocidad de deriva se ha duplicado respecto a las épocas anteriores.

Unos cambios que, según los autores, no son preocupantes, ni suponen ningún tipo de efecto negativo inmediato sobre el medio ambiente, o las personas, pero que “subrayan cuán real y profundo es el impacto que los humanos estamos teniendo en el planeta”. Es posible que la variación axial planetaria no tenga nada que ver con la desaparición masiva de los arrecifes de coral, pero sí comparten su origen. Las elevadas temperaturas que están alcanzando las masas de agua oceánicas están provocando el conocido como “blanqueamiento de coral”, que, en escasos meses, puede provocar el colapso de estas formaciones, muy sensibles a los cambios ambientales, ya que, las algas de su interior, que les aportan los alimentos, además de darle sus llamativos colores, no pueden sobrevivir con estas nuevas temperaturas. Lo que queda es el esqueleto calcáreo, blanco brillante, y por ello este fenómeno recibe el nombre de “blanqueamiento”.

Océanos, fuente de vida, sumideros naturales de carbono, a través del plancton, los peces y los corales, que lo transforman en rocas biogénicas, formadas por los seres vivos, o sedimentarias; llegan a absorber la mitad del carbono emitido a la atmósfera, de ahí la importancia que tienen estos ecosistemas únicos, junto al hecho de que de ellos dependen casi un cuarto, un 25%, de todas las especies marinas; por no hablar de que, además, casi 500 millones de personas tienen relación directa con ellos. Ellos serán los primeros en notar los efectos negativos de su pérdida, pero seremos todos los que sufriremos su desaparición.