Lunes, 18 de diciembre de 2017
Las Arribes al día

¿Por qué somos del Atlético?

ANTONIO VICENTE / Juez Internacional Canino

Hay un dicho que advierte: ¡Qué poco dura la alegría en casa del pobre! que se utiliza para expresar  el lamento por  una expectativa que se ve  frustrada con prontitud; esta cruda realidad se hace más dura, si cabe,  cuando se sufre en primera persona, tal es el caso que me ocupa hoy.

Hablando de fútbol estábamos tan contentos en casa, tan  merengones  todos, disfrutando de la grandeza del mejor Club de la historia, regodeándonos, aún, de cómo  y a quien le ganamos la Décima  o disfrutando del placer de escuchar una y mil veces nuestra canción del verano particular que no es otra que  el himno que se hizo para celebrar tal éxito. La alegría iba en aumento, además,  considerando que el mayor de mis nietos (5 años) parecía tener a CR7 como el mayor de sus ídolos, justo cuando le habían regalado la última camisola blanca con el 7 a la espalda y se había preparado la ficha para entrenar en su primer equipo de futbol en el colegio.

De pronto la desgracia del dicho popular se ha hecho realidad y ha caído sobre nosotros cuando hace unos días, a la mesa, nos dijo: ”Yo soy del Atlético de Madrid, por que gana siempre”. De las  risas y carcajadas de un principio, se pasó luego a un cruce de miradas entre los comensales que pronto se tornó en escepticismo y preocupación cuando siguió asegurando que... ”y el mejor es el 7 del Atlético y Cristiano no vale para nada”.

Preguntado en días posteriores sobre tal afinidad atlética y vista su firme intención de seguir con ella, hemos iniciado, su tío y yo, el proceso de “repatriación” hacia el blanco merengue queriendo hacerle entender que eso de “partido a partido” es pan para hoy y hambre para mañana, que pudiendo pasear por la Castellana no es bueno hacerlo por la M-30 y que el peso de la historia siempre está presente,  por eso lo del Pupas no le traerá  más que sinsabores y decepciones; pero ni por esas.

Tampoco nos está siendo útil para convencerle advertirle que tenemos 32 Ligas y ellos solo 10, o que tenemos 10 Copas de Europa más que ellos,  que pueden ser 11 este año y a su costa si en vez de sacarse la espina de Lisboa, como dicen ellos, se clavan otra y se quedan con las dos. Confieso, también, que cuando le recojo cada mediodía en el colegio suena “milagrosamente” en el coche el himno de la Décima por si lo quiere aprender, pero me responde entonando el de los Colchoneros que algún compañero ha debido enseñarle; todo mi afán para que un día no tenga que preguntarme aquello de… ¿”por qué soy del Atlético”? .

Puestas así las cosas solo nos queda esperar que con el paso del tiempo y la influencia de sus amigos merengues, que seguro serán mayoría, reconduzca sus gustos o nos quedaremos esperando que en el primer enfrentamiento entre ambos equipos ganen los blancos, que la victoria obra en un niño el mismo efecto que un caramelo de regalo; si esto no ocurriera, no nos queda otra que  hacernos un poco  Colchoneros, pero solo un poco, que el Pupas siempre seguirá siendo el Pupas. Es el peso de la historia.