Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Primavera atormentada

La primavera entre nosotros es un tiempo de vida, de crecimiento, de días luminosos y largos, de promesa de frutos abundantes promesa del verano ya próximo. Es un tiempo de alegría, de ilusión y de esperanza. La primavera es física, geográfica, de calendario. Pero también tiene en sentido figurado un valor moral y psicológico.

La primavera de este año no deja de tener sus aspectos positivos y gratos, pero los acontecimientos que ocupan los informativos y análisis de las situaciones reales ensombrecen la luminosidad de la primavera y la enturbian desagradablemente, y exigen de nosotros un nuevo esfuerzo para revertir los acontecimientos negativos en situaciones de gozo y de dimensión humana engrandecedora.

Basta hacer referencia solamente a los tres o cuatro acontecimientos más llamativos actualmente. Baste recordar el reciente viaje del Papa Francisco a la isla de Lesbos, y sus gestos y declaraciones conjuntas con el Patriarca de Constantinopla y con el arzobispo de Atenas. Un gesto reconocido mundialmente como manifestación de aprecio y de búsqueda de soluciones a los graves problemas de los desplazados de Siria, Iraq y demás países afectados por la guerra y la violencia en el Asia próxima u oriente cercano. El gesto fue completado con la denuncia de las situaciones y la invitación a todos los responsables, países y organizaciones, pero también de los individuos, a tomar una postura de compromiso y de búsqueda de soluciones razonables, a corto, medio y largo plazo. Él mismo se hizo cargo de doce personas pertenecientes a tres familias, a las que invitó a venir con él a Roma y tomar bajo su responsabilidad la supervivencia de los miembros de esas tres familias.

Y, mientras tanto, la Unión Europea actuando de manera indignante e injusta, dejando en manos de Turquía a todos los desplazados, al menos en un primer momento, y lavando la conciencia con unos cuantos euros que se prometen a Turquía y llegan tarde, mal y nunca.

Aunque todavía no se ha confirmado ni se ha dado a conocer con suficiente claridad, se dice hoy que quinientas personas han fallecido englutidas por el mar en su intento de llegar a las costas de Italia, procedentes de África Centro Oriental. La noticia la dan los supervivientes de la travesía lamentable, que ha dado sepultura en el mar a tantas personas que huyen del África subsahariana. Horrible noticia, entre tantas otras que puso sobre el tapete y denunció desde el principio en su primer viaje fuera de Roma el Papa Francisco, haciéndose presente en la isla de Lampedusa, para solidarizarse con los inmigrantes y desplazados.

El mismo Papa denuncia la situación inaceptable de Ucrania, donde millares de personas mueren, pasan hambre, viven bajo violencia y amenazas, en situaciones indignas e inhumanas. Francisco invita a todos los católicos, como medio de toma de conciencia de una situación olvidada por los medios y por las organizaciones internacionales, a organizar el próximo domingo día 24 una generosa colecta que le permita a él mismo acudir en ayuda de los amenazados y sometidos de este inseguro y complejo país.

Y, para terminar por ahora, porque la saga sigue con toda seguridad, hemos de añadir las graves y espelucnantes situaciones por las que tienen que pasar los habitantes del Ecuador, especialmente los de las ciudades y lugares de la costa, como efecto del terrible terremoto sufrido en la tarde-noche del pasado sábado. Todos estamos grandemente impresionados, nos informamos con lentitud y dificultad por los problemas de comunicaciones, y estamos dispuestos a contribuir a las primeras y urgentes atenciones de primeros auxilios, y de salir al paso del frío, el hambre, la sed, las medicinas, y demás necesidades que están esperando la ayuda nacional e internacional.

Los españoles, además de la proximidad por la inmensa colonia de ecuatorianos que conviven con nosotros en España, nos sentimos implicados por los muchos españoles que estudian o trabajan en Ecuador, pero también por el largo grupo de 280 misioneros españoles que ofrecen su vida y sus servicios en Ecuador, de los cuales 21 en la provincia de Manabí, el lugar más afectado por el gravísimo terremoto. ¡Enhorabuena a los ecuatorianos que generosamente han salido en auxilio de sus compatriotas, y de los países que han ofrecido ayudas y colaboración de salvamento y de atención a los afectados! La primavera atormentada todavía refleja su esperanzadora luz.