Viernes, 15 de diciembre de 2017

Un nuevo escrutinio, siguiendo al de Alonso Quijano

Ayer se presentó, en la Biblioteca Pública de Ávila, el libro ‘El donoso escrutinio’, que contiene siete conferencias, entre ellas la de Jacqueline Alencar, directora de la revista ‘Sembradoras’

Presentación de 'El donoso escrutinio'

Con presencia de Jesús Ángel Clerencia, director de la Biblioteca Pública de Ávila, y del poeta José María Muñoz Quirós, coordinador de las mismas, este martes 19 tuvo lugar la presentación del libro ‘El donoso escrutinio’ (Junta de Castilla y León, Ávila, pp, 134), en el cual se han reunido las siete conferencias del III Ciclo, que se han realizando en Ávila desde octubre pasado hasta ayer mismo, con la intervención de Raquel Lanseros. Siempre se termina el ciclo con la última ‘escrutadora’.

En tal sentido, los autores y título de sus ‘escrutinios’, es el siguiente: María Victoria Muñoz Arenas  (El donoso escrutinio 2015); Benjamín Pulido Navas (Literatura de ciencia ficción de la periferia); Daniel Zazo Gil (De guaridas y fósforos. Los libros que me han surcado); David Casillas (Ayudando a crecer); Jacqueline Alencar (El poder transformador de la palabra); Javier Pérez-Alija (Romiosyne) y Raquel Lanseros (Mi donoso escrutinio).

Cabe destacar que en los tres ciclos, cada uno con su libro respectivo patrocinado por la Junta de Castilla y León, se han logrado sumar veintiún testimonios de otros tantos escritores y lectores empedernidos. Y ya se está preparando, para octubre, el IV Ciclo.

Copiamos el prólogo de este III Escrutinio, firmado por José María Muñoz Quirós:

“El donoso escrutinio tiene este año 2016 un sentido ple­namente cervantino. El escritor de Alcalá de Henares, el padre y maestro de don Quijote, cumple cuatro siglos desde su muerte, cuatrocientos años que han supuesto una continuada presencia entre tantos millones de lectores que, permanentemente, se han sentido próximos a este autor que instala en nuestro común idioma la plenitud de una lengua ya inmortal y eterna.

Cervantes vivió en la andadura difícil de un tiempo que conoció a los más geniales poetas y dramaturgos, que floreció en libros hoy patrimonio de nuestra cultura, que fue víctima de la ingra­ta severidad de una sociedad compleja. Cervantes fue engen­drando un mundo tan intenso y tan personal que al final crista­lizó en una mirada sabia y rotunda, en la vida de un ingenioso hidalgo vital y extraño, y pudo así iluminar nuestra existencia con la luz de su creación y con la grandeza de su palabra germinadora y nueva.

El escrutinio que Cervantes propone en su novela es el resultado de una lectura apaciguada e inteligente sobre las modas y los modos más usuales en su tiempo. El lector Cervantes se ha situa­do en la mirada de los personajes de su libro para expandir la voz crítica que don Quijote no tenía como lector voraz de todo. Se tira a la hoguera lo que hace daño, lo que mortifica el espíritu, y se sal­van los libros que nos pueden acompañar con su belleza y su emo­ción. El cura y el barbero velan por la salud literaria de don Alonso y por la limpieza de espíritu que debe tener quien ha bebido de tan extraño manantial de historias y de palabras.

La mala literatura enferma el espíritu. Y eso lo observamos en don Quijote, víctima de tantos atropellos intelectuales y de tan mala literatura que no es literatura. Quedemos avisados de ello: el escrutinio de cada cual es la salvación de lo que nos es amado, de la lectura más fértil, del consuelo más veraz y el alimento más genuino.

Desde esa mirada sabia volvemos una y otra vez a nuestro anhelo de saber más y conocer con mayores honduras lo que el ser huma­no construye con su lenguaje y su capacidad creadora.

En este año de Cervantes, también de Shakespeare, y de Rubén Darío, y de Camilo José Cela, estamos invitados a la salvación de cada página amada, de cada libro guardado en nuestro corazón, de cada escritor y de cada sueño posible en nuestra apacible lec­tura, a disfrutar del donoso escrutinio de nuestros amados libros que nunca se irán de nuestra memoria”.