Viernes, 15 de diciembre de 2017

Tener la palabra

¿Alguna vez has pensado lo importante que es disponer de la palabra? No es baladí poder hablar y que alguien te escuche. Sin embargo, siempre fueron las palabras algo comprometido. Pues, aunque forman la estructura de nuestros acuerdos, pueden convertirse en detonante de todos los conflictos, cuando se utilizan de manera falaz.

Pero las palabras son mucho más; infinitamente más. Son el resultado de nuestros juicios internos en su fase final. Aquello que pensamos lo trasladamos a los demás convertido en palabras. Pero, muchas veces, nuestros pensamientos no se corresponden con lo que decimos. También utilizamos las palabras para disfrazar la verdad. Aún así, no creas que se libra de su responsabilidad quien se sirve de ellas  fraudulentamente.

Quien tiene la palabra, cuenta con enormes posibilidades; quien sabe utilizarlas, cuenta con todas. Pero, de la misma forma que las palabras nos permiten acercarnos a los demás, cuando no son auténticas, destruyen la confianza. 

De manera que, el lenguaje, es una herramienta preciosa; algo de incalculable valor en nuestras relaciones con los demás. Sin embargo, para que resulte útil, ha de apoyarse sobre planteamientos veraces.

Pero, tener la capacidad de hablar y, además, contar con la palabra, entraña no poca responsabilidad. Pues, en ocasiones, hay que prescindir voluntariamente de ella. También los silencios forma parte del discurso, cuando los demás tienen algo que decir. Hay que escuchar para comprender; hay que razonar para que fragüe el entendimiento y los acuerdos sean justos y duraderos.

El respeto no debe faltar en todo diálogo. Además, de vez en cuando, es conveniente alejarnos del ruido de la sociedad. Escuchar a cierta distancia es muy saludable. Pues, cuando te alejas lo necesario, adviertes que todo tiene su precio y, lo que a corta distancia parece una oportunidad; visto desde más lejos, solo es deformación de la realidad;  una imagen distorsionada por el egoísmo.

Hoy están de moda los debates. Expertos en todo tipo de temas hablan sobre diversas materias. Pero es la política, por las razones que todo el mundo conoce, quien ocupa mayor tiempo en esas discusiones. Y, aunque la política vive hoy sus horas más bajas, no creas que ha perdido su dignidad. Es así, porque las personas, no pueden quitar ni poner nada que ella no tenga. Una generación no puede destruir la gloria y dignidad que le han otorgado los siglos.

Cierto que los sistemas democráticos están sufriendo en nuestro tiempo su mayor descrédito. Las democracias de nuestro tiempo no responden al espíritu con que fueron creadas. Quizá sea necesario mirar atrás para ver cuanto han cambiado las cosas. Demasiadas lagunas legislativas permiten enormes desigualdades sociales. Esas mismas lagunas, otorgan ventajas a una economía desbocada que, el poder político, no es capaz de controlar.  

Es hora de cambiar muchas cosas, a través de esta política que tanto criticamos. No podemos prescindir de ella. Su herramienta es la palabra, susceptible de convertirse en ley por voluntad de los ciudadanos. No en vano somos su campo de acción, y el único medio que tenemos para defender nuestros derechos y libertades.