Lunes, 11 de diciembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

Lección aprendida

El camino se va recorriendo por pequeños tramos que, nos van ofreciendo situaciones variopintas que, no debemos dejar de lado

Me gusta hablar con mi maestro. 

Me da orientaciones para ponerlas en práctica, que es lo que más me cuesta. Pero todas esas conversaciones, a nivel de enseñanza, no se dan por malogradas, aunque los objetivos no se consigan de un día para otro. Los procesamientos requieren un tiempo, y cada individuo el suyo propio.

Pero este empujoncito dado, despierta una cantidad de recursos adormecidos que, sin un estímulo, estarían en el nirvana. Sin mostrar su rostro, sin ganas de ponerse a punto para empezar a despuntar, unos pequeños bocetos de lo que, después de mucho entrenamiento lograremos alcanzar las metas propuestas.

Hoy sólo seremos unos primeros apuntes, sin grandes pretensiones porque el camino que se nos avecina es largo. Muy largo y la densa niebla que lo envuelve no nos deja ver con claridad, no nos deja guiarnos, no tenemos ningún punto de referencia, pero tenemos ganas de comenzar nuestra aventura e introducirnos en el grandioso y enmarañado mundo de las palabras.

La palabra, como elemento básico, para las grandes construcciones que vamos a levantar y no precisamente de  cemento, ni de ladrillo, lo nuestro va a traer canteros de todo el mundo, porque vamos a levantar un enorme y bello castillo,  y lo vamos a llenar de palabras.

Para ello vamos  a necesitar palabras de todos los tamaños:

palabras fuertes, palabras más maleables,

palabras con ciertos soportes,

palabras encendidas como una puesta de sol,

palabras blandas y enérgicas,

palabras pequeñas y suaves,

palabras de agradecimiento,

palabras sonoras y mudas,

palabras de colores y en blanco y negro,

unos enormes sacos de palabras que las esparciremos para empezar a levantar nuestra obra.

El camino se va recorriendo por pequeños tramos que, nos van ofreciendo situaciones variopintas que, no debemos dejar de lado.

Nuestro cuaderno de campo siempre lo llevamos con nosotros y en él dejamos plasmados los primeros trazos del boceto, porque la memoria es frágil y la fluidez verbal tiene necesidad de expresarse en momentos y circunstancias muy extrañas.

Cualquier elemento, por insignificante o imperceptible, puede servirnos para enlazar unos acontecimientos con otros o sobre él empezar la primeras asociaciones, evocaciones, que fluyen como una corriente de agua salvaje y cristalina los recursos naturales que, junto con el sustrato del terreno hacen que podamos coordinar mejor los elementos para poder cambiar el rumbo, si es preciso, o desenfocar el enfoque que en un primer plano tomamos del contenido. Porque nuestras palabras  dentro de un contexto hay que proyectarlas, alargarlas, vivirlas en los personajes que vayamos creando y dándoles vida con las vivencias que tienes o que podrías tener, las que deseas, las que anhelas, las que descubres, , las que buscas.

Todos los elementos coordinados armónicamente sin que se entremezclen  pueden subsistir y enriquecerse.

Me asombro, de lo que mi pluma va dejando caer, como borrones de tinta, que antes de secarse, se transforma y toma vida como un ser independiente, autónomo, forma su identidad, con sus peculiaridades.

La palabra se hace autónoma, se independiza.