Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Aprendamos a discernir...

Si los países civilizados y prósperos son aquellos en los que se ha conseguido formar una clase media amplia y numerosa, es evidente que ésto no se consigue  más que con la contribución de capas sociales cada vez más extensas que acceden al consumo de bienes culturales y económicos de forma continuada. Umberto Eco afirmaba que los héroes populares tranquilizan la conciencia de la colectividad. Pero ya no nos quedan héroes al ir cayendo uno tras otro víctimas de la crisis y, al final, estamos cada vez más vacíos de contenido

Las responsabilidades cambian a la vista de la realidad, al pasar del pragmatismo aplicado a la labor del bien social, al que se practica para tener más poder o tratar de no perderlo. En la actualidad la memoria colectiva es escasa, y poco efectiva, la rapidez con que se suceden los acontecimientos hace que se sepa mucho sin recordar mucho.

La lucha por mantenerse dentro de una economía difícil y cada vez más global, no nos engañemos, en manos de unos pocos, los mismos de siempre, es difícil; para un país como el nuestro que carece de recursos, y los que tenía los ha dilapidado, y que ha sido incapaz de crear una clase social media acompañada de un nuevo mensaje moral o ético para ir más allá, para cambiar nuevamente. La cultura llena de contenido se ha dejado a un lado cuando no se la ha necesitado para ganar audiencia, algunos ya no saben si quiera sí existió. Hoy, y otro día también, se entregan premios a la cultura, el Nobel, el Cervantes, el Asturias, etc. a los que dedicamos unos minutos tranquilizadores de conciencia, mientras los niños seguirán dando gritos en las clases e insultando a los profesores.

 Por otro lado algunos de los protagonistas de la sociedad y la cultura se nos muestran vacíos de contenido, al gritar, por ejemplo, soflamas contra el día de la Fiesta Nacional, mientras abren cuentas en Panamá; al final parece que sólo les importa el dinero y su slogan, incapaces de saber que el trabajo bien hecho, en común, también conduce a buen puerto. Los vemos en homenajes, pero al final todos nos conocemos como en cualquier oficio, y sabemos lo que hay, y allí están faltos de vergüenza propia y ajena con un discurso vacuo y soez. Si Leemos, un artículo o un libro de cualquiera de ellos, o vemos una entrevista, es una sucesión de letras o palabras, que puede juntar cualquier pegaletras porque leyéndolos no llenan, no aportan, no enriquecen. Si toleramos a este tipo de visionarios o totalitaristas sociales, la sociedad va camino de una catástrofe preparada y anunciada, cual burro con sus orejeras. España ya paso por la crisis de 1898, y otras más que seguramente provocaron los mismos pegaletras irresponsables de siempre. Es la historia sin fin de los que quieren llenar sus alforjas sin trabajar; y las de los demás con ideas confundidas. Es la misma historia de los confundidos para seguir los pegaletras progresistas lanzando sus soflamas contra todo, como si los demás no tuvieran buen juicio. Al final la vida tiene un discurrir natural contra el que no se puede ir.

Habría que acordarse del poeta y llenar las alforjas de contenido, tangible o verdadero, para tener algo con que hacer frente a lo que nos imponen, de forma cada día más fácil, algunos, desde los medios de comunicación, y las redes sociales. Si no tenemos valor, no sabemos discernir, y, en castellano claro, no tenemos conocimiento, no iremos a ninguna parte, y nos moriremos de asco.