Martes, 12 de diciembre de 2017

El cielo puede esperar

No les voy a mentir, pero es que llevo una semana de pasión deportiva que ni les cuento. Si les digo la verdad, ahora que la cuestión política está hecha unos zorros, en pleno encefalograma plano. Cada vez le motiva menos a uno intentar escrutar a golpe de tecla los caminos, muchas veces torcidos, de esto de lo público.

Y hoy me ha dado la ventolera, como buen “hooligan” charruno, de amplificar humildemente a un deporte charro necesitado de ello.

De aplaudir a esos Unionistas que van como un cohete repleto de combustible mitad ilusión y mitad homenaje, escalando categorías año a año. Con un único objetivo de alcanzar una luna que tiene grabado a fuego un toro, un puente romano y una encina.

De palmear a un Salmantino que se rebela a la justicia deportiva. Comenzando la escalada hacia la cima, como solo se empiezan estas cosas,  dando un primer paso firme.

De ovacionar a nuestros guerreros del otro lado del Tormes que ya piensan en alcanzar el deseado ascenso después de una temporada donde han sido los mejores.

Pero sobre todo no me cansaré de vitorear a nuestra cabeza de león. Ese Perfumerías Avenida que nunca defrauda, que siempre está ahí. Procurándonos dosis inimaginables de alegría, esperanza y fé, cimentadas firmemente en una familia y una empresa que no deja de inyectar euros de ilusión tempporada si y temporada también.

Un Perfumerías Avenida que sueña con brindar a su Salamanca, esa que pasea con orgullo por todos los rincones de España y Europa, un título de liga construido con miles de corazones azules y una regularidad de record.

Todavía resuena en mis oídos el eco de un pabellón de Wurzburg teñido de azul que botaba, tiraba y defendía al unísono con sus chicas. Que el pasado miércoles dio una lección más de  lo que es una comunión entre un equipo y su afición, un ejemplo de familia con mayúsculas. Y que el próximo sábado volverá a rugir, a vibrar y a caminar junto a las suyas.

Porque asentar las posaderas en Wurzburg no es cualquier cosa, y  hasta que uno no lo hace no descubre lo que el deporte puede ser capaz de transmitir, de unir. Y a riesgo de que me llamen loco, pocas cosas como soñar eso de ver a la brava Silvia Domínguez alzar un título entre miles de bufandas azules al viento. Y el sábado puede ser una realidad.

Y es que esta vez  el cielo bien puede esperar una semana para teñirse otra vez de azul, para hacerlo allí donde miles de bravos charros van a juntarse, como pocas veces somos capaces por estos lares, con un objetivo común. Ese de escribir con letras de oro una nueva página del deporte salmantino, y ya van unas cuantas que tienen la firma de Perfumerías Avenida