Lunes, 11 de diciembre de 2017

Intervención como prevención de un "trato" invisible

La trata de personas es un fenómeno de carácter invisible en nuestra sociedad a pesar de que ocurren muchas situaciones en nuestro país. Ante esta problemática de conculcación de derechos humanos, no podemos permanecer pasivos, por ello las profesiones sociales de carácter pedagógico deben ofrecer una intervención de perfil comunitario que contribuya a la prevención, detección y denuncia de este tipo de actos.

Autora: Vanesa Martín Martín, activista de Amnistía Internacional

     La trata de personas según la Convención de Naciones Unidas se ha definido como "El reclutamiento, transferencia, albergue o recepción de personas, mediante amenazas o el uso de la fuerza u otras formas de coerción, abducción, fraude, decepción, abuso de poder o de una posición de vulnerabilidad o la entrega o recepción de pagos o beneficios para lograr el consentimiento de una persona que tiene el control de otra persona, con el propósito de la explotación".

     Se trata es una actividad de carácter multidelictivo que engloba acciones diversas como la venta de niños esclavos, niños soldados, tráfico de órganos, trabajo forzoso, matrimonios serviles, y el tráfico de personas con fines de explotación sexual o laboral. Formas de trata de personas que vulneran derechos humanos tan básicos como la dignidad, la integridad, la libertad de movimiento y la propia vida concediendo a las victimas situaciones de gran precariedad.

     Esta realidad, de la que hablamos poco, ocurre en nuestro país donde la sociedad se convierte en coparticipe de estas situaciones debido a su pasividad, silencio e incluso en algunos casos, consumo de este tipo de servicios o mercado, convirtiéndose en consentidor de dichas situaciones.

     En España la trata con fines de explotación sexual es la más extendida donde las víctimas pertenecen sobre todo al género femenino. Bajo estas premisas encontramos la herencia aún viva de una sociedad mayoritariamente patriarcal y machista, donde la figura de la mujer, desgraciadamente continúa cosificándose y deshumanizándose. Dado que estas situaciones pasan desapercibidas entre la sociedad y los ciudadanos de a pie. Es necesario que se instauren medidas de actuación educativas a través de acciones sociales de carácter comunitario centradas en la prevención a fin de erradicar este tipo de actos que quebrantan los derechos básicos de las personas.

     Ante esta necesidad de intervención urgente, las profesiones sociales de carácter pedagógico deben promover medidas educativas comunitarias al servicio de toda la sociedad, pero por supuesto debe comenzarse con la sensibilización desde los centros educativos para trasladarse de forma equitativa hacia las familias. Los niños desde pequeños deben asimilar la igualdad de género, equidad y respeto , desde los propios centros se deben trabajar temáticas transversales instauradas en los currículos donde se estudien a fondo los derechos humanos mediante actividades lúdicas que supongan experiencias educativas de aprendizaje significativo, donde a través de la propia experiencia los educandos adquieren los valores humanos y sociales necesarios para promover la sensibilización y por supuesto la denuncia social de este tipo de actos. Por ello la coordinación entre familia-escuela y comunidad es prioritaria en todas las actuaciones, pues la prevención no puede ser de carácter aislado.

     Amnistía Internacional apela a todas las profesiones sociales así como los profesionales de la educación formal para que desarrollen programas de prevención educativa centrados en la coeducación, educación basada en igualdad de sexos, donde se fomente la igualdad de género y todos los valores igualitarios que ello conlleva. Además es necesaria una correcta coordinación con el resto de instituciones a fin de detectar posibles casos de vulnerabilidad de personas que pueden ser víctimas de cualquier tipo de trata. Para ello es prioritario formar ciudadanos críticos, reivindicativos y participativos, con un espíritu de denuncia, pero no sólo a nivel individual sino como defensores de todos los derechos transnacionales.

            Una de las formas de participación social más recomendable para lograr que estos conocimientos teóricos sean significativos sería la participación de los ciudadanos en distintas entidades sociales a fin de tener contacto con la propia realidad y poder poner sobre la mesa todos los aprendizajes adquiridos previamente.