Sábado, 16 de diciembre de 2017

Elogio del bodorrio

Nos vamos de bodorrio y cae una tupa de agua que no se la cree ni Noé con todas sus ganas de diluvio. Este abril es lo que tiene, un gobierno en funciones y unas precipitaciones que dan ganas de meterse en casa, pero no teman, que aquí nadie se arredra y andamos todos pisando charcos, empapando el peinado de peluquería y aprovechando el sol para salir a hacerle alguna foto a esa novia mojada, novia afortunada.

         Y es que en este país ya sabemos que nos gustan las bodas, los bautizos y las comuniones. Y que bebemos y comemos que es un gusto, pero que también repartimos lo que hay con esa generosidad que también da gusto, porque no hay nada más hermoso que comprobar que, a diferencia de nuestros políticos, ocupados en el caiga quien caiga pero yo aquí me quedo, nosotros sí estamos preocupados por los refugiados, por los que pierden su casa, por los que tenemos al lado y lo pasan mal. De esos nos ocupamos y luego, no vamos de bodorrio y no nos duelen prendas a la  hora de comprar ropa, pagar pelus, comidas y barra libre. Y hacemos bien, a mi no se me quita la costumbre de comprobar cuánta gente trabaja mientras yo me lo paso bien y de confiar en que tengan un contrato digno. Y sí, hacemos bien, porque mientras las peluqueras de mi barrio se ponen a temblar cuando llueve, los que vamos de bodorrio somos capaces de hacernos el moño y encasquetarnos en él directamente el paraguas. Es decir, que somos optimistas por naturaleza y nos va la marcha, sobre todo si se casa un próximo y estamos tan felices porque ya le tenemos colocado, que todavía no somos muy afectos al fenómeno sigle. A nosotros lo que nos va es el matrimonio de toda la vida, el calzoncillo del novio, la liga de la novia y las amigas cantando y haciendo la conga. Dónde va a parar. Por eso se inaugura la temporada nupcial esta primavera con ganas, las mismas que de saber qué pasará como cantaba Raphael… por cierto, da gusto comprobar que las canciones de toda la vida y el pasodoble rancio siguen siendo los top del baile nupcial y nada de valses, que no somos austríacos. Lo dicho, que no hay nada más propio de estas fechas que irse de boda y encima, disfrutarlo, si es que hay cosas que no cambian nada de nada aunque todo lo demás vaya, como las ciencias, tan rapidito que es una barbaridad.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez