Lunes, 11 de diciembre de 2017

Poveda

Ha llegado a las salas de cine la película “Poveda”, dirigida por Pablo Moreno. A pesar de la escasez de recursos con que cuenta la empresa productora, es una presentación muy digna y hasta conmovedora de la figura del sacerdote Pedro Poveda Castroverde. Nacido en Linares en 1874, sería asesinado en Madrid el día 28 de julio de 1936.
Unido a la Institución Teresiana por vínculos familiares y afectivos, siempre he tenido en el corazón el ejemplo de aquel sacerdote admirable. Su sencilla obra “Para los niños” fue mi primer libro de lectura. A él debo mi inclinación a ver la ética y la moral desde el lado positivo de las virtudes. Releo con gusto aquellas páginas marcadas por mis trazos de niño:
“El niño soberbio e hinchado mueve a desprecio”. “Si desde niño no aprendes a vencer el amor propio, serás víctima de él, y te harás insoportable a todos”. “Si quieres obrar con prudencia, piensa mucho las cosas y pregunta antes de decidirte”. “Bueno será que entiendas desde los primeros años que la vida está sembrada de sufrimientos y amarguras”.
A los acomodados de su tiempo les molestaba la atención que el joven sacerdote Pedro Poveda dedicaba a los marginados que vivían en “las periferias existenciales” de las cuevas de Guadix. Andando el tiempo, me conmovió visitar aquel lugar. Ahora vemos que su gesto era una profecía de esa salida que el Papa Francisco pide hoy a toda la Iglesia.
 Es admirable la esforzada lucha de Poveda para promover la emancipación de la mujer de viejos estereotipos y su integración en todos los ámbitos de la vida social. Pero aquel propósito es, además, un anticipo de las sugerencias conciliares sobre la responsabilidad de los laicos en la vida de la Iglesia y en todos los campos de la sociedad.
Su interés en articular las estructuras necesarias para llevar a cabo una educación integral hacen de él un pedagono y humanista que no puede ser olvidado, como lo ha reconocido la UNESCO. Con gusto hice notar su importancia en el estudio que me pidió el profesor Laín Entralgo para la “Historia de España” de Menéndez Pidal.
El día de su beatificación percibí la oportunidad de crear en la Universidad Pontificia de Salamanca una cátedra que evocara su nombre, su vocación y su profecía. El diálogo entre la fe y la ciencia es una tarea imprescindible que ha de evitar los fundamentalismos que tientan siempre a las dos partes.
El día en que asistí a su canonización en Madrid (4.5.2003), pensaba, sobre todo, en el ejemplo de vida sacerdotal que nos había dejado. Hoy, a la vista de la nueva “era de los mártires” por la que estamos atravesando, creo que es el momento de meditar la frase de san Pablo que Pedro Poveda convirtió en su lema personal: “creí, por eso hablé”.
 
José-Román Flecha Andrés
 
 
EL CORDERO Y LAS OVEJAS
 
“Teníamos que anunciaros primero  a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor”. (Hech 13, 46). Son impresionantes esas palabras de Pablo y Bernabé, al constatar el rechazo de sus oyentes a la palabra que predican.
El discurso de Pablo a los judíos en Antioquía de Pisidía es paralelo al que dirigirá a los griegos en Atenas. Son dos formas de anunciar el mensaje de Jesucristo a las dos culturas antagónicas del momento. El Apóstol es un hombre bicultural  y las conoce bien. Sabe y proclama que el evangelio de Jesús es salvacion para unos y para otros.
Pero su experiencia es dura. Los judíos esperan un mesías poderoso. Los gentiles del mundo helénico solo buscan una nueva sabiduría. Así que ambos rechazan a Cristo. Como dirá  Pablo a los Corintios, el Cristo crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles. Mas para los llamados es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor, 1-23-24).
 
EL CORDERO
 
El Apocalipsis ha sido escrito en una hora de persecución a los que que han aceptado a Cristo como su Señor. Por eso resultan molestos a los poderes del imperio. Ante los ojos del autor de este libro pasa la muchedumbra inmensa de los que “vienen  de la gran tribulacion y han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero” (Ap 7,14).
Por tres veces se menciona al Cordero en la segunda lectura de este domingo. Aunque suene a paradoja, la Sangre del Cordero ha blanqueado los mantos de los mártires. Es más, el Cordero les libra del hambre y de la sed, del sol y del bochorno, como anunciaba el libro de Isaías a los que retornaban del destierro (Is 49,10). Además, el Cordero será su pastor y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
La imagen del Pastor es la señal característica de este domindo 4º de Pascua. Todos los años proclamamos en este día el capítulo 10 del evangelio de Juan. Cada año nos sorprende un detalle que ya creíamos aprendido y asimilado. Este año vemos que Jesús se identiffica con el Pastor generoso que guía  y proteje a las ovejas recibidas del Padre celeste (Jn 10, 27-30). 
 
 Y EL PASTOR
 
  El breve texto del evangelio de hoy se articula en tres contraposiciones que hablan de la misericordia del Pastor y de sus dones, pero también  de la suerte de las ovejas:
• “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”.  El primer don es la escucha. Escuchar la voz del Señor en medio de la algarabía de este mundo es signo de fidelidad.
• “Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. El segundo don es el seguimiento del Señor. Seguirle exige renunciar a nuestro capricho y aceptar su plan.  
• “Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano” El tercer don es la pertenencia. Ser de Cristo da a los creyentes una seguridad que nadie puede imaginar. 
- Señor Jesús, Tú eres el Cordero que se entrega por nosotros y el Pastor sabio y generso que nos guia y nos defiende. Queremos permancer a la escucha fiel de tu palabra. Bien sabemos que en ella radica nuestra paz y nuestra confianza. Danos tu luz y tu fuerza para anunciar esta gracia que nos concedes y esta responsabilidad que nos pides cada día. Amén. 
                                                            José-Román Flecha Andrés