Lunes, 18 de diciembre de 2017

Hegemonía, centralidad y populismo

Democracia, Estado de Derecho, patria, libertad de prensa y expresión, derechos sociales y servicios públicos de calidad, separación de poderes...¿quién puede oponerse ante tales significantes?
 

Siempre la clase social dominante, si es tal cosa, logra imponer mediante lo que Gramsci llama hegemonía cultural  sus intereses, haciéndolos pasar por los de la "voluntad general", esto es, el dominio sobre el conocido como sentido común.
 

Cuando el pacto, ese acuerdo que nos damos como sociedad/país, se rompe, da lugar a la crisis orgánica: las normas dadas se desdibujan y los clivajes que permitían que la rueda siguiese su curso se resquebrajan, como por ejemplo, el eje izquierda vs derecha.
 

 

De estas crisis se puede salir de 2 posibles maneras: la que todavía es clase dominante consigue mediante el uso de las cloacas del Estado y los mass media imponer de nuevo sus intereses como propios del común , o las clases subalternas, mediante la estrategia de la centralidad del tablero (no confundir con el centro político) y la transversalidad, consiguen poner en el centro los intereses de la mayoría social de tal manera que se aúnan en una laclauniana “cadena de equivalencias” creando un nuevo sujeto nacional-popular que consigue para sí la concepción del sentido común. Se trata, como escribe Carlos Fernández Liria en su último libro “En defensa del populismo” (libro que os recomiendo encarecidamente), de “defender que esto sea lo que tú dices que es. Defendemos que esto sea de verdad un orden constitucional, defendemos la soberanía del poder legislativo, defendemos la patria constitucional, defendemos el parlamentarismo, el poder de la palabra pública contra la negociación secreta de corporaciones económicas privadas, la libertad de prensa frente a la dictadura mediática en la que estamos sumidos... No es tan difícil. Defendemos que esta democracia, este Parlamento, este supuesto imperio de la ley deje de ser una farsa.” Democracia, Estado de Derecho, patria, libertad de prensa y expresión, derechos sociales y servicios públicos de calidad, separación de poderes...¿quién puede oponerse ante tales significantes?
 

Este proceso ya pasó primero durante la llamada Transición Española, en la que las élites políticas y económicas, mediante una serie de concesiones a la mayoría, dejaron todo atado y bien atado. Nos encontramos de nuevo ante una de estas crisis: el 15-M supuso una grieta desconstituyente del "Régimen del 78" y PODEMOS está llamado a ser la vanguardia que constituya ese pueblo nuevo.
 

Por eso, con la consulta para la formación de Gobierno que Podemos está realizando a sus bases y que ya ha batido todos los récords de participación, yo lo he tenido muy claro: ante la estrategia de las élites de ponernos entre la espada y la pared para llevarnos a una posición marginal y domesticada yo he votado un rotundo NO. Ante la posibilidad de construir un Gobierno progresista con un programa para la mayoría social, asumiendo las consecuencias que esto puede conllevar (un más que probable adelanto de las elecciones generales para junio) ante el bloqueo de los que todavía se hacen llamar socialistas y obreros, yo he votado un rotundo SÍ.