Sábado, 16 de diciembre de 2017

Findesemanis Laetitia

Lamentablemente, muchos llegan a las nupcias sin conocerse. Sólo se han distraído juntos, han hecho experiencias juntos, pero no han enfrentado el desafío de mostrarse a sí mismos y de aprender quién es en realidad el otro. Tanto la preparación próxima como el acompañamiento más prolongado, deben asegurar que los novios no vean el casamiento como el final del camino, sino que asuman el matrimonio como una vocación que los lanza hacia adelante, con la firme y realista decisión de atravesar juntos todas las pruebas y momentos difíciles. (Amoris Laetitia, 210-211. Papa Francisco).

 

Serán diez parejas, acompañadas por algunos matrimonios de diverso recorrido y un sacerdote veterano que se estrena en este formato. Treinta y tantas horas juntos. Desde el sábado temprano hasta las primeras horas de la tarde del domingo. Un fin de semana. A partir de ahora, estoy seguro, “El Fin de Semana”. Si sales igual que entras, quizá es momento de plantearse las preguntas que aún no te has hecho. Cruciales. De eso se trata.

 

Además del vestido de la novia y del traje del novio, del traje del padrino y el vestido de la madrina, de las fotos y de las invitaciones, del restaurante y de la luna de miel, de los regalos y las sorpresas, si te casas “por la Iglesia” debes preguntarte si te vas a casar “en la Iglesia”, y no me refiero a reservar con tiempo en la Catedral Vieja o la capilla de la Universidad. Expediente, amonestaciones, cura que sea testigo (porque casarse se casan los esposos), lecturas, música, anillos, arras, velación, peticiones, acción de gracias… En definitiva: la ceremonia, el día, la boda. Antes, los llamados con ese nombre tan poco comercial y tan diminutivo de “cursillos prematrimoniales”. Cursos, pero pequeños. Sin exagerar. Como lo de explicarle en dos tardes la economía al anterior presidente del gobierno. Un requisito. Un trámite. Hay que hacerlos. ¿Y después? ¿Los hay postmatrimoniales? ¿Salimos con ganas de más? ¿Dejan buen sabor de boca y apetece seguir probándolos?

 

La preparación para el sacramento del matrimonio se revela como un reto fundamental para diócesis y parroquias encargadas de impulsarla y fortalecerla, y para movimientos y cofradías obligados a respaldarla y fomentarla. Si para servir a la Iglesia desde el sacerdocio se precisan años de seminario y titulación universitaria, si la consagración religiosa tiene sus etapas y sucesivos votos, crear una familia, una Iglesia doméstica, se viene solventando con un “cursillo”. No puede extrañarnos que bajar tanto el nivel reste atractivo al asunto, aunque sean otras muchas las causas de la crisis de este compromiso. Subirlo no supondría dejar fuera a nadie, sino adentrar más en cada uno la gracia y el regalo. No todo es problema de tiempo, de disponibilidad, de esquemas más o menos bien ideados. Sigamos tendiendo puentes, dialogando, procurando ofrecer lo mejor y hacerlo juntos. Como en Caná de Galilea, el vino bueno está guardado para el final.

 

Y si alguna pareja busca “cursillo” y las fechas de su parroquia no le cuadran, o se anima a dedicarse/regalarse un fin de semana, el 4-5 de junio puede ser “su” Findesemanis Laetitia.