Sábado, 16 de diciembre de 2017

Nuestros vecinos pájaros

Estamos rodeados de ellos pero apenas les prestamos atención. Sin que suponga mucho esfuerzo, aún estando inmersos en nuestros quehaceres urbanos diarios, nos encontramos con multitud de especies aladas que nos permiten hacer más llevadero ese día a día. El más reconocible, por la historia común que nos une, es el gorrión común, Ave del Año, según la Sociedad Española de Ornitología. A pesar de estar disminuyendo su número de individuos, en cerca de un 10%, en toda Europa, siguen siendo fácilmente visibles en nuestros parques y jardines: sea buscando comida entre las mesas de las terrazas, sea con la búsqueda de pareja, peleas de machos mediante, no pasan inadvertidos.

Quienes están aumentando su presencia en las ciudades son, además de las invasivas cotorras de Kramer, o argentinas, las urracas. El estrés que producen las ciudades, sea por contaminación atmosférica, acústica o lumínica, por no hablar del uso de pesticidas, insecticidas y demás cidas, hace que sean las especies más oportunistas las que mejores condiciones encuentran en nuestras urbes. Y, acompañando a estos azul metalizados córvidos, las urracas, también se muestran encantados en estas condiciones, los estorninos o las palomas, auténticas ratas aladas, si bien es cierto que nuestra convivencia es ancestral. En las ciudades han encontrado un paraíso para vivir. La ausencia de depredadores naturales; el aumento de la  termicidad, causada por la retención del calor por el asfalto y los edificios, favorece que su reproducción haya perdido estacionalidad, pudiendo aparearse en cualquier momento del año; la abundancia de alimento, agua y cobijo, también fomenta su propagación, hasta llegar a ser considerada una plaga en muchas ciudades.

Unos hábitos que se ven reforzados por la presencia de basureros, lugares en los que les es muy fácil conseguir alimentos. Y, en ellos, podemos acercarnos a contemplar el vuelo de cigüeñas, garcetas, varios tipos de gaviotas, grullas, córvidos o rapaces, entre las que destacan los milanos con su cola en “V”. En esta época del año veremos, dentro de los milanos, a los negros, pues los reales han abandonado la Península Ibérica hasta que vuelva el invierno, momento en que toman la alternativa a los que ahora están. Mantienen su flujo migratorio hacia sus lugares de invernada, de momento, ya que otras especies, ante la ausencia de necesidad de búsqueda de alimentos, han cambiado sus comportamientos para convertirse en nidificantes, como es la cigüeña, que ya no emprende su viaje africano. Hasta los refranes son víctimas de estos cambios; atrás ha quedado, por ejemplo, el que dice: “Por San Blas, la cigüeña verás. Si no la vieres, año de nieves”.

Otra infraestructura que podemos visitar para “pajarear” son los aeropuertos. En ellos, introducidos para ahuyentar al resto de pájaros y evitar problemas con los motores de los aviones, destaca la presencia del halcón peregrino, el ave más veloz del planeta. Pero, a su vez, gracias a la tranquilidad que impera junto a las pistas de aterrizaje y despegue, podemos visionar multitud de colirrojos tizones, mirlos, carboneros, verderones y verdecillos, aviones, vencejos, golondrinas (con graves problemas de pérdida de población: han desaparecido el 33% de sus individuos), y otro largo etcétera de nuestros residentes alados. Pese a todas las adversidades que le creamos, la naturaleza se adapta a las nuevas condiciones… hasta que alcanza el punto de no retorno, y deja de hacerlo.