Lunes, 11 de diciembre de 2017

15 de abril de 1571

Ayer, viernes, 15 de abril, fue un día cualquiera, “de diario”. Pero el año 1571 fue domingo de Pascua, que ya es otra cosa. Y según tradición bien contrastada, ese día y en la Casa de la hoy calle Crespo Rascón compuso Santa Teresa la oración Vivo sin vivir en mí…. tomada la idea y buena parte de la letra de una tonadilla popular que sin duda la Santa conocía y sobre todo del gran amor que ella vivía por el Señor.

Conocida en todo el mundo y en todas las lenguas, bien se merece esta Canción ser recordada hoy a los 545 años de ser compuesta en una celda de esta Casa salmantina. Es un feliz y largo aniversario., aunque no me tomo la molestia de echar cuentas más precisas por el cambio de calendario que tuvo lugar después el año 1582, precisamente el día y año de su muerte. Da igual porque el significado es el mismo.

En todo caso, lo primero recordar aquí el texto aunque sólo sean las primeras estrofas:

 

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.


Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí,
cuando el corazón le di
puso en él este letrero:
que muero porque no muero.


Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.


¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero…

 

Es casi obligado que en estos días (mañana domingo será un buen día) se recuerde el hecho, por todos, y se recite el texto, por los amantes de las letras, y se ore ante el Señor, por los devotos.

Para facilitar las tres cosas –recuerdo, recitado y oración- nos invitamos a encontrarnos mañana domingo a las 19h en el hermoso patio charro de la Casa de Santa Teresa; habrá allí mismo un recitado del poema como recuerdo poético, para ascender después a la capilla y volver a decirlo allí como Oración cristiana. Serán veinte minutos, poco más, pero llenos de historia y de sentido.

Allí se aposentó la santa en aquella famosa Noche de Ánimas de 1570 y comenzó una larga travesía de aquella comunidad carmelita, porque de allí pasaron a una casa junto al palacio Monterrey, pero al construirse el convento de las Agustinas se van a la calle Sorias junto a la actual Plaza de la Fuente, de allí se trasladan al viejo hospital del Rosario en la acera izquierda de lo que hoy es calle Rosario, y de allí, todavía a comienzos del XVII, se van a un solar extramuros que hoy es plaza e iglesia del Monte Carmelo y allí fuera de la ciudad construyen por fin su convento, con la iglesia actual y con una amplia huerta hacia el campo abierto. A mediados del s. XX se van de allí a la Casa de los Niños de Coro frente a San Polo, mientras le construyen el nuevo monasterio en Cabrerizos al que se van en 1970 y en el que sigue viviendo, trabajando y orando la Comunidad de Carmelitas. Cinco siglos largos de largo viaje por la ciudad y alrededores.