Martes, 12 de diciembre de 2017

¿Dónde estoy?¿En qué país vivo?

                                         

Le pregunté, esta mañana, a un vecino que me encontré en la calle. Me encontraba confundido, como si me hubiesen dado un golpe con un palo en la cabeza; perdido, como cuando niño de cuatro años me extravié en el río, y alarmé a toda la familia y vecinos. Y, al fin, me encontraron llorando, aterido, y sin enterarme de qué sucedía a mí alrededor, cuando mis padres y demás gritaban: ¡Por fin, Señor!

Y que, como entonces, no entiendo nada. Por un lado, escucho que un ministro estuvo y no estuvo; que unos lo afirman porque lo vieron allí, y él propio interesado lo niega: “No era yo, era otro que se llamaba como yo”. Yo no he sido quien se ha comido el jamón, porque nunca estuve en esa bodega, y resulta que lo vieron por la bisnera. Y echa la culpa a los pobres ratones. Si los ratones no pueden alcanzar el pernil; a esas alturas, no les está permitido acceder a los ratones, los ratones son muy chicos, los ratones andan por el suelo, y se refugian en huras por miedo a que les quiten el cacho de queso, que ganan con el sudor de su frente, porque los ratones también tienen que trabajar muchas horas, como los humanos, para que puedan llevar un cacho de pan a sus hijos y a sus estómagos.

Y, de pronto, me entero de que el ministro se ha ido, que se ha retirado; y, dentro mi aturdimiento, me pregunto ¿de qué a va vivir ahora este hombre, si no sabe hacer otra cosa más que la de ser ministro? ¡Y lo que se han esforzado sus compañeros por lavarle la cara y, ahora, los deja en la estocada! Y todo esto por una simple mentira, que más que mentira es un simple error (¿?). ¿Quién no ha echado una mentirijilla en su vida? ¿Quién no se ha equivocado, al menos, una vez? Esta actitud, que, para algunos ha sido un gesto heroico, sobre todo, “a quienes los tenía añusgados”, no me ha parecido justa, porque soy de los que opinan que todo el mundo humano tiene derecho a un trabajo y a un sueldo digno. Y a ver ahora, ¿qué va a ser de este servidor de la patria?

 Y nos paramos en estas pequeñeces, cuando, en este sitio del mundo, “anda todo manga sobre hombro”: No tenemos gobierno; somos más ricos y debemos más; a los que trabajan se les saca bien el estambre y se les pagan cuatro cuartos; los recortes siguen siendo recortes; los ricos más ricos; y la gente, ¿qué me dices? Según parece,  sólo les preocupa salir a las plazas de Madrid en manifestación, para demandar que gane ella o él.

Ahora os explicáis por qué, esta mañana, he preguntado a mi vecino que en qué país estoy y en qué país vivo.