Martes, 12 de diciembre de 2017

Condolencias líquidas en la era digital

"Para expresar la solidaridad con las víctimas de los atentados de Bruselas, las redes se han vuelto a llenar de emotivas muestras de condolencia digital. Pocas horas después de los atentados en el aeropuerto y la estación de metro, todas las redes se saturaban para expresar la condolencias con las nuevas víctimas. No sabíamos el número ni la identidad cuando comenzamos a enviar mensajes de condolencia a nuestros conocidos, inundamos las redes con emotivas imágenes del Atomium o compartíamos una bandera belga rota y llena de sangre para mostrar digitalmente nuestra solidaridad inmediata.

Sin habernos dado cuenta, hemos pasado de un luto reflexivo a un luto virtual. Mientras el luto reflexivo expresaba una condolencia de proximidad, este luto virtual expresa una condolencia global, cósmica e indolora. Al día siguiente de los atentados, las redes vuelven a la normalidad como si no hubiera pasado nada, como si los muertos fueran un simple número o una insignificante estadística.
 
Mientras que el luto reflexivo requiere la proximidad, el abrazo o incluso las lágrimas de quienes comparten física y sólidamente el mismo dolor, el luto virtual requiere de conexión 4G, actúa de manera indistinta con Iphone o Android y lo que es más importante, requiere de sujetos amnésicos capacitados para convertir la tragedia en rutina. Quizá todo lo que hemos ganado en extensión y globalización lo hemos perdido en intensidad, capacidad de compasión y disposición para el sufrimiento.
 
Este luto digital también ha transformado la empatía y la compasión con las víctimas de manera que ahora también podemos hablar de unas condolencias líquidas. De la misma forma que Zygmunt Bauman habla de modernidad o sociedades líquidas para describir los nuevos mundos de la vida caracterizados por la movilidad, la incertidumbre, la fugacidad, la relatividad y la flexibilidad de las identidades, así también podemos hablar de condolencias líquidas.
 
Hipnotizadas e idiotizadas por las tecnologías de la comunicación, las nuevas masas tienden a practicar una condolencia líquida próxima a la hipocresía, la desmemoria y la responsabilidad. Por muy globales que sean, son explosiones de una solidaridad epidérmica que deberíamos analizar con detalle. Aunque respondan a sociedades sensibles, no responden a sociedades maduras. Responden a sociedades adolescentes que comparten globalmente una ética indolora que en otros tiempos llamaríamos burguesas, acomodaticias o bien-pensantes. Deberíamos preguntarnos hasta qué punto estamos banalizando la ética colectiva cuando expresamos la compasión, el compromiso y la solidaridad con estas condolencias líquidas.
 
Nuestras confortables sociedades se han acostumbrado a este sufrimiento indoloro y practican una condolencia virtual. Cada vez hay menos líderes sociales y políticos con capacidad para enfrentarse a estas sociedades adolescentes. Tienen que hablarles de sacrificios reales, de dolores reales, incluso de víctimas de carne y hueso. ¿Alguien se atreve a romper con el ensimismamiento indoloro de la ciudadanía?, ¿alguien pediría hoy sangre, sudor y lágrimas para iniciar el combate contra el terrorismo o iniciar campañas de solidaridad real?
 
La barbarie yihadista se aprovecha de unas sociedades líquidas con líderes virtuales, insípidos, estúpidos e indoloros que viven de espaldas al sufrimiento real. Y para colmo, algunos líderes pretenden hacernos creer que somos culpables, al manos remotamente culpables, de esta violencia real que estamos padeciendo. Es hora de empezar a despertar de este sueño dogmático de lo políticamente correcto, alimentado por éticas indoloras, por prácticas epidérmicas y por condolencias virtuales donde la indignación, la compasión, el compromiso o la solidaridad se expresan, simplemente, haciendo un click en Facebook.