Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Lo que pudimos haber sido, lo que aún podemos ser

El Estado español no tiene religión oficial

 

España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional.

No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas.

El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios.

 

El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.

 

Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura

 

La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación.

 

La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana.

 

 

La República asegurará a los litigantes económicamente necesitados la gratuidad de la justicia.  Los jueces son independientes en su función. Sólo están sometidos a la ley.

 

El pueblo participará en la Administración de justicia mediante la institución del Jurado, cuya organización y funcionamiento serán objeto de una ley especial.

Los miembros del Gobierno tendrán la dotación que determinen las Cortes. Mientras ejerzan sus funciones, no podrán desempeñar profesión alguna, ni intervenir directa o indirectamente en la dirección o gestión de ninguna empresa ni asociación privada.

 

 

            Los textos que acaba de leer no son propuestas para una nueva constitución que recoja las propuestas más avanzadas de la ciencia jurídica y del constitucionalismo más moderno. Son solo partes de la Constitución de la II República Española, proclamada un día como hoy, 14 de abril, de hace 85 años.

            ¿Se imagina dónde podríamos haber llegado como sociedad si hubiéramos podido desempeñar en paz y en democracia estos principios, esta constitución que sin duda era una de las más avanzadas del mundo en su momento, y en muchos aspectos aún hoy?

 

            ¿Qué hubiéramos podido ser hoy si un ejército golpista no hubiera arrebatado a los españoles su libertad, su democracia, su vida, sumiéndonos en un agujero negro de la historia durante 40 años?.

 

            ¿Somos conscientes de lo que podemos ser si desarrollamos lo mejor de nosotros mismos y somos capaces de superar un sistema que niega la radical libertad de los seres humanos, que nos trata como a mera mercancia?.

 

            ¿Cómo podemos seguir negando el derecho básico a la memoria de los españoles y españolas que dieron su vida por defender la democracia?. Los que deberían ser homenajeados siguen olvidados en cunetas, los que deberían ser olvidados y rechazados siguen siendo homenajeados manteniendo sus nombres en las calles, sus símbolos en los edificios públicos, su efigie en nuestra Plaza Mayor. Las heridas no se superan dejando que se pudran.