Martes, 12 de diciembre de 2017

Papers, what papers?

¿Papeles, qué papeles?  Los textos de pensadores españoles contemporáneos como Ortega, Machado, Unamuno, Aranguren, y de otros pensadores contemporáneos como Popper, Weber, Sartre, Marcuse o Huxley descansan tranquilos en las estanterías y ya no alimentan el pensamiento. Tampoco afloran nuevos grandes pensadores o líderes que aporten la chispa que nos aglutine a la hora de actuar. A día de hoy, mientras no dejan de aflorar papeles,  ¿Quién cree en las ideas? o lo que es peor ¿Quién las conoce o las tiene? justo es pensar que la juventud, esos hombres del tercer milenio,  tiene pendiente la más difícil de las asignaturas: "Renovar la sociedad".

Los valores como el amor a la patria, el honor, la voluntad, el servicio a los demás, el sacrificio también están en entredicho, al igual que las personas que los defienden, que incluso son ridiculizados por la sociedad que no es más que la receptora de actitudes fraguadas desde la política, los falsos nacionalismos, el falso progresismo, en pocas palabras desde la desidia del que propone pero no aporta ni realiza, tan sólo tapa sus defectos y su inoperancia, en pro de la legitimización de un Estado utópico, que no da soluciones, desde el que se tiene que adoptar posturas que destruyen conceptos como Estado, Nación o Patria.

Flota la idea de que esta sociedad tiene la fragilidad de una pompa de jabón, y que la prosperidad puede volarnos de las manos. Con ideas como ésta es inevitable que el dinero tenga un valor supremo. Un día tras otro, y otro también salen casos de corrupción relacionados con el poderoso caballero que es don dinero.  Aunque para la mayoría que no han podido tratar con dicho caballero no les queda más que podemos aliviar nuestros fracasos y miedos profundos viendo en el cine un ídolo prefabricado tras otro que propone lo que queremos oír antes de desaparecer en una vorágine de efectos especiales luchando contra el mal o vengándonos de nuestra mala suerte.

El interés por los valores y las virtudes suele decaer en tiempos de bonanza económica y paz social. Pero reaparece cuando las situaciones no pueden solucionarse por el conocido "laissez faire". El mundo de los valores y las virtudes está hoy amenazado por dos frentes el del relativismo y la asimetría.

El efecto del relativismo dominante es particularmente perverso, porque la consideración falaz de todas las opiniones como igualmente respetables y defendibles conduce a un panorama horizontal sobre el que nada destaca, ya que la asunción de las verdades de todos en plano de igualdad priva de argumentos y conduce a no defender la propia. La asimetría en valores sería la inmigración no integrada, el olvidar nuestras raíces culturales, los nacionalismos excluyentes, los populismos de derechas e izquierdas, el descristianizar a la sociedad ante la amenaza pujante de otras religiones, la desmembración del Estado, hacer verdad de la mentira, etc.

Los valores fundamentales de nuestra sociedad, y  del cristianismo en particular están fundados sobre certezas y por tanto son enemigos del relativismo, no obstante el mundo es muy complejo y a pesar de un fuerte componente de historicidad, nuestra sociedad es cambiante y dinámica. Las virtudes se predican de las personas, pues son una cualidad moral estimada, y se consolidan con la aplicación práctica de dichos valores. En síntesis los valores importan al conjunto y las virtudes son una cualidad personal de individuo, siendo los instrumentos necesarios para la efectiva realización personal y ejemplo para la sociedad. El valor y virtud son imprescindibles para construir todos a una nuestro futuro. Mientras, nos intoxican un día tras otro con todo tipo de papeles, que en el fondo ni nos van ni nos vienen, a la mayoría, esperando el final de la comedia de la formación del gobierno del Estado. Habrá que pedir a más de uno de los actores que nos regalen su sombrero de Panamá para pasar el calor del próximo verano.