Lunes, 11 de diciembre de 2017

Ibericus vulgaris

Es probable, quizás, que las cosas que aquí lea no sean más que producto del hartazgo.

Un cansancio de segundas opciones, de ese que viene determinado por una preocupación hacia algo que no determina tu vida, que ni siquiera la roza. Pero que como persona con efervescencias varias, como “Ibericus vulgaris” que campea por esta rojigualda península, le inquieta por inverosímil, extraño y profundamente bochornoso: Aún seguimos en funciones.

Ya les vale. Es triste hacer historia por incapaces, silba bobos o toca ingles. Es para irse a casa cabeza gacha, cerrarse por dentro y tirar la llave por el evacuatorio. Y es que no sé como este santo país lleva sin gobierno, así en el sentido amplio y estricto, tantos días. Algo que me da que pensar, lo justito, no se crean… Pero es llamativo que solo me vienen a la neurona los conceptos de prescindibilidad y de pancismo partidista sistémico.

Es cierto que hay tiempo, que la ley ampara este proceso. Pero todos ustedes saben que hay cosas que aún estando dentro de la ley, se salen de los preceptos de la sensatez y el sentido. Y todo por no poner un poco de voluntad, deber y servicio, encima de una mesa o donde quieran. 

Como vulgar ibérico que soy no entiendo como alguien puede sentarse a negociar llevando en la mochila, o entre la coleta, cuestiones que se salen de la norma, y dinamitan un sistema que aspiran a vicegobernar.

Me resulta difícil asimilar eso de negociar  sin mover las santas posaderas, esperando que el pacto caiga del cielo o ganar el trono gracias al fallo ajeno y no a los méritos propios.

Incluso me chirría en la sesera lo de intentar convenir algo con alguien pretendiendo cambiar a los actores que votaron el resto de ibéricos sufridores como este que les teclea.

Desconozco lo que saldrá de todo esto, aunque si he de ser gráfico solo veo sevillanas de whatsapp por todos los lados y  también algún que otro mojón ojiplatico. 

Ignoro si estiraran el chicle hasta llegar a un pacto a la catalana. Nocturno, alevoso y premeditado. O si por el contrario  el pacto de izquierdas lleva tanto tiempo firmado que todo lo que vemos y oímos no es más que un sainete, ríanse ustedes de los de Arniches, con el único objetivo de arrimar a Ciudadanos al ascua zurda. Y de paso arrojar a Rajoy al precipicio de las ofrendas por amarrategui propiciatorio.

No sé con que quedarme, pero los acontecimientos me resultan tan burdos, de un perfil tan bajo, que parecen de escay. De una doble moral burlona y peliculera.  De esa del soy dialogante de Sánchez pero contigo no me siento, o la marianista del quiero que pactemos aunque no muevo ni un dedo porque los tengo todos cruzados para que haya de nuevo elecciones, eso si, por culpa tuya.

Creo que fue Russell el que dijo con más razón que una madre que “la humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica”.  Si cambian humanidad por política no desviaran mucho el tiro.

Así que una semana más me despido ibérica, vulgar y humildemente de ustedes. Porque de los quinientos ochenta y nueve parados menos en nuestra capital gracias al mandato de nuestro acalde bilocado y su curiosa política de fomento del empleo, van a tener que esperar a otro desahogo semanal.