Martes, 12 de diciembre de 2017

Columna cervecera

A mí eso de la cerveza artesana como que me parece una moda maravillosa aunque ciertos experimentos, a la manera de un ministro felipista, en casa y con gaseosa. Ahí nos tienen a mi chico y a mí dándole queso a la ratoncita mientras nosotros nos dedicábamos a la cata de cerveza artesana en la III Feria en el Multiusos. Mucho niño, mucha pareja de todas las edades, mucho friki de la birra y mucho ambiente el sábado porque esto de la cervecita artesana es casi una forma de vida.

         Ahí estábamos la gente corriente, esa que tiene ganas de primavera, de árboles floridos y de tardes largas; esa que tiene un poco de dinero y se lo gasta en vez de tener cuentas en Suiza o en Panamá, que parece un poco más cutre por aquello de que a los de las montañas no les pilla ni Montoro disfrazado de Heidi y a los panameño les han sacado los papeles una panda de periodistas. A mí que me registren, estoy deseando cumplir con la Agencia Tributaria y pagar una pasta porque eso significará que la gano… después de todo soy hija de un autónomo tan cumplidor que le hicieron una inspección y se dieron cuenta de que pagaba de más.

         Lo dicho, que un cacho de Salamanca estaba disfrutando de la Feria de la Cerveza y si nos pilla el Instituto de Estadística en vez de hacer una lista de problemas que preocupan a los españoles, saldría una de cervecitas artesanas. Mi chico se decanta por las fuertes de Abadía y yo por una asturiana con un punto a sidriña, la niña bonita, como tiene doce años, se mete entre pecho y espalda todo el queso que le cabe, que parece rata, y cuando se ha llenado del todo, pregunta que cuando nos vamos. Lo dicho, nuestra preocupación es no mezclar sabores de cerveza y que la niña no la atrape un gato, todo eso de los pactos, de los gobiernos interinos y del país bloqueado como que no existe, es cosa de los medios de comunicación que han sustituido al Sálvame por la crónica política y parlamentaria. Dentro de poco hacemos un casting para elegir a la diputada más mona y luego un master chef a ver quien cocina mejor en casa de Bertín, total, funcionarios tiene la santa madre iglesia para que funcione el país sin necesidad de políticos, o al menos eso queremos creer. Y lo creemos porque en este momento de asueto, después de una semana de trabajo feroz para ganar cuatro duros con los que pagar a hacienda, estamos aquí felices de la vida, bebiendo cerveza, soñando con el verano y con la luz de la primavera. Si es que el que no se conforma es porque no quiere, carallo.

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez