Sábado, 16 de diciembre de 2017

LA MEMORIA HISTÓRICA

No entiendo los argumentos, pero sobre todo no entiendo la priorización. Las familias tienen necesidades acuciantes de trabajo, educación, sanidad, etc y dedicamos el dinero a quitar estatuas.

Por esa regla de tres que quemen la catedral porque existió la Inquisición, o el puente romano porque tenían esclavos.

Deberíamos aprender de la historia para no repetirla, pero no intentar borrarla o jugar a fastidiar al vecino. Para buscar una convivencia pacífica y próspera hay que buscar lo positivo de cualquier persona u organización, justamente lo contrario a lo que se está haciendo.

La Iglesia tiene muchas cosas positivas y desarrolla grandes obras sociales, los sindicatos han tenido una gran relevancia en la consecución de los derechos de los trabajadores, etc. Evidentemente hay que denunciar a los delincuentes y que devuelvan lo robado. Hay que conseguir quitar poder a los corruptos y disminuir las diferencias sociales en beneficio de igualdad de oportunidades y justicia.

Eso no se consigue destruyendo monumentos, ni Iglesias como quieren algunos. El frente islámico ya lo hace en Damasco, no creo que sea el camino a seguir.

¿También vamos a destruir bibliotecas?. No se puede fomentar el odio, hay que buscar reconciliaciones por el bien común y ayudar a curar rencores a los que más han sufrido por la guerra o la exclusión social. La sensibilidad consiste en ayudar a perdonar y perdonarse no a alimentar el fuego de la venganza.

La democracia está para ser propositiva, no para buscar culpables, vamos a escuchar a los especialistas de cada tema y a mejorar las cosas para la mayoría y para los más perjudicados.

Algunos seguimos viviendo muy bien por lo que estamos obligados a ser generosos y compartir nuestra suerte con otros menos afortunados. Es un error creer que los que estamos más acomodados es porque nos lo hemos ganado. Otros mejores que nosotros si hubieran tenido la oportunidad seguro que lo habrían hecho mejor. En derechas e izquierdas este no es el pensamiento. Estamos obsesionados en tener razón y juzgar al otro, el camino es compartir, compartir privilegios y tiempo con los diferentes, las personas que aparentemente se salen del camino preestablecido tienen mucho que aportar, no hay que tener miedo a los cambios y evidentemente son necesarios. Pero vamos a lo esencial, a lo importante, no perdamos el tiempo discutiendo imbecilidades.