Viernes, 15 de diciembre de 2017

José Pulido Navas: “Ser premio Pilar Fernández Labrador te exige como poeta”

El poeta jienense obtuvo el III Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador, por su libro ‘La metáfora del corazón’. Incluimos un poema inédito, en exclusiva para nuestros lectores
El premio fue concedido ex aequo, con la poeta mexicana Ingrid Valencia. Ambos recogerán sus premios durante el XIX Encuentro de Poetas Iberoamericanos, a celebrarse en nuestra ciudad el 19 y 20 de octubre. El jurado estuvo integrado por António Salvado, poeta y Premio al Mérito Cultural del gobierno portugués; Carmen Ruiz Barrionuevo, catedrática de Literatura Hispanoamericana  de la Universidad de Salamanca; Jesús Fonseca, poeta y delegado de La Razón en Castilla y León; Alfredo Pérez Alencart, poeta, profesor de la Usal y presidente de la SELIH; Carlos Aganzo; poeta y director de El Norte de Castilla; José María Muñoz Quirós, poeta, profesor de Lengua y Literatura y presidente de la Academia de Juglares de Fontiveros; Inmaculada Guadalupe Salas, presidenta de la Asociación Mujeres en Igualdad, y Julián Barrera Prieto, diputado del Área de Cultura de la Diputación de Salamanca. Actuó como secretaria Victoria Pérez Castrillo.

 

Entrevistamos a José Pulido Navas (Jaén, 1958). Poeta y periodista, actualmente responsable de la Unidad informativa de RTVE de Ávila. Como poeta ha publicado siete libros de poesía: “Donde se escribe el silencio” (1983), “Viejos Rituales” (1988), “La Ciudad y la Reina” (2000), “El Corazón Disperso” (2005), “Movimiento Circular” (2006), “Los Enigmas de la Esfinge” (2010) y “La Línea de la vida” (2014). Entre los diversos reconocimientos a su poesía, destacan los Premios Internacionales de Poesía Rafael Morales (2005) y San Juan de la Cruz (2013) y el Premio Nacional de Poesía Luis López Anglada (2009). Obra suya se encuentra incluida en buen número de antologías.

¿Cuál fue su sentimiento al recibir la noticia de este premio?

 

Fueron muchas las emociones y los sentimientos que provocó en mí la llamada del jurado anunciándome el premio. Primero de alegría, como  se puede suponer. Siempre es una satisfacción para un poeta ganar un premio literario y más si este premio se convoca en Salamanca y tiene el prestigio que se ha ganado en tan pocos años. Digo esto porque soy consciente, ya que la organización fue informando paso a paso de la marcha del certamen, que a él habían concurrido cientos de poemarios no solo procedentes de España, sino de toda la América de lengua española y aún de otros países de Europa. Cuando el jurado me dijo que el poemario les había emocionado, que había llegado a la final en competencia con libros de extraordinaria calidad, pude comprender en todo su alcance lo que esta noticia significa. Sí, mucha alegría, mucha satisfacción y un punto de responsabilidad. Ser premio Pilar Fernández Labrador te exige como poeta.


¿Podrías darnos la motivación y el alcance de los versos que escribió y envió al premio de Salamanca?

 

 ‘La Metáfora del Corazón’ es el tiempo. El título está inspirado en un texto de María Zambrano. Esta mujer es un referente poético y filosófico para mí. Un tiempo lleno de humanidad, casi doliente, carne y hueso. El tiempo cíclico de las estaciones y el de los ríos que van  a dar a la mar de Jorge Manrique. El poemario es una visión del tiempo y de su medida, de cómo somos tiempo en la medida que somos humanos, cómo nos mide y lo medimos. El tiempo que vive y muere y sufre y se va y vuelve con nuestra propia existencia, la celebración y la muerte. Es un libro que dibuja un tiempo muy a la medida del hombre y de la mujer. Hago esta precisión porque lo femenino tiene un papel esencial en la estructura general y en muchos de los poemas a través de la figura del Calendario Lunar.

 

Aparte de todo esto, la motivación para concurrir al premio procede del premio en sí, por la universalidad a la que antes hacía mención, el respeto a la figura de Pilar Fernández Labrador, mujer excepcional a la que conozco y admiro, y el deseo de formar parte de una colección poética que estoy seguro se va a  enriquecer con grandes poetas.

 
¿Qué nos puede decir sobre la poesía española que se escribe en estos momentos?

 

De la poesía española actual os puedo comentar que es tan variada, tan proteica, tan abierta, que resulta difícil catalogarla o definirla con pocas palabras. Creo que goza de una mala salud de hierro y sobre todo que tiene un futuro apasionante. Las nuevas tecnologías le abren un camino que no tiene límites, aunque los nuevos soportes le obliguen a adaptarse, muchos jóvenes la están descubriendo por esos nuevos canales. No todo es  de color de rosa y tiene también sus dificultades y sus defectos, pero está más viva que nunca. Y no entro en el fabuloso territorio de la poesía escrita en América que me parece de lo más rica, apasionante y creativa. El futuro está abierto para la poesía en español. Soy, evidentemente, optimista.

 

 

UN POEMA INÉDITO DEL LIBRO PREMIADO, EN EXCLUSIVA PARA LOS LECTORES DE SALAMANCArtvAL DÍA

 

 

FUNDACIÓN DEL CALENDARIO

 

Acepté  la herida del instante y su belleza,

los preceptos del recuerdo.

Escritos en cada cicatriz

los manuales del superviviente,

el lento aprendizaje del olvido,

la llama que enciende el tiempo

como leña en el hogar de la memoria.

Me acojo a este  lugar  sagrado

que custodia sus páginas de arena,

pastorea el rebaño de los días

para ceñir con su anillo el disperso

corazón de la costumbre, dar forma

al miedo, sentido a la esperanza.

Este antiguo alfabeto del deseo

escribe  los cantos de la lluvia y cae

con las hojas del otoño

mientras guía el retorno de las aves

cuyo vuelo replica el agua del estanque,

los girasoles que llevan prendido al sol

con tiernas órbitas de verde y amarillo.

Tienden una escala de lluvia, un alambre

de funambulista entre la vida y los astros

que concierta los movimientos de  la tierra

y  sus aparentes simetrías, sus figuras,

el mundo de los hombres y la danza

 de las nebulosas que engendran las estrellas.

El abismo sin fondo de la noche

y el que bajo mis párpados se abre,

caben en el círculo de una pupila,

pasan, como el hilo enhebrado en una aguja,

por el latido de mi corazón, y les despierta

un olor a pan caliente en el amanecer,

cuando  vivir se concede amistoso,

entrega en lo pequeño su prodigio.

Sólo preciso el anillo de las estaciones,

los esponsales secretos con la luz,

para sentir en mí la mirada del tiempo

y pintar un rostro al que siempre regrese.

Imploro su favor, al menos su consuelo.