Miércoles, 13 de diciembre de 2017
Alfoz al día

Un techo en el camino de un rey y una monja

ALDEATEJADA | Se trata de la actuación 115 de este montaje, que cosecha un éxito de público rotundo allí donde se representa

De nuevo en cada parada que hace en el camino la obra de teatro, “Teresa, la jardinera de la luz”, va encontrando como lo hace todo aquél que en el camino se encuentra, curiosos puntos de conexión con los que por allí han pasado. En este sábado 9 de este recién estrenado abril, los componentes de Lazarillo de Tormes se han acercado al pueblo de Aldeatejada, próximo a la capital salmantina, para deleitar una vez más con este montaje, al público que a su iglesia ha acudido deseoso de ver o volver a ver de nuevo tan peculiar obra. Que lo es, no deja resquicio a la duda, como seguimos comprobando después de las numerosas actuaciones llevadas a cabo y sobre todo del clamoroso éxito en todas ellas. A pesar de la cercanía de este pueblo con la capital charra, los espectadores que acudieron a la bonita iglesia de Santiago Apóstol, para ver la obra, la llenaron una vez más.

            Son las iglesias las que acogen a los personajes de “Teresa, la jardinera de la luz”, pues la puesta en escena los sitúa en la de Alba de Tormes en los momentos previos a la muerte de Teresa de Jesús. Sin embargo, y según opinión del productor de la obra, Javier de Prado, de quien partió la idea original, no podía haber mejor escenario para este trabajo. No sólo por la ubicación que del momento de la vida de esta mujer se hace en escena, sino por tratarse también de recintos cargados de una especial fuerza emocional, que tanto caracterizaba a la carmelita y que de forma tan profesional, logran transmitir con su interpretación los actores aficionados del grupo Lazarillo de Tormes. A través del guión que elaborara y dirigiera el gran hombre de teatro irlandés que es Denis Rafter, una Teresa de Jesús inédita y cercana se nos aproxima para sorprendernos en cada representación. Contar con la colaboración de todos los actores para la elaboración del texto que se nos ofrece, ha sido otra de las grandezas de este dramaturgo. Se ha conseguido así tal grado de acierto en la figura de Teresa, que la complicidad entre público y actores es de tal calibre, que una corriente de verdad, que parte de la autenticidad de esta mujer, irradia la luz que llena el ambiente que nos desplaza al siglo XVI.

            La iglesia de Santiago de Aldeatejada, que forma parte de la ruta de peregrinos que el apóstol concita, da posada a los cansados pies de las hermanas carmelitas que llegan de un largo viaje para pasar con su madre los últimos momentos de ésta. Y es en este duro trance en el que de forma inesperada para ellas, tienen que enfrentarse a un dominico inquisidor que nos presenta una Teresa rebelde ante la Santa Iglesia Católica. Rebelde fue por un amor incondicional a un Jesús de Nazaret que la hizo sentirse segura ante las inclemencias de la injusticia del siglo en el que vivía. Amor que la hizo vivir fuerte a pesar de la enfermedad, y la llevó a enfrentarse a todo aquello que no fuera su determinación de implantar la verdad de su amado Jesús. El sencillo texto de la obra nos acerca fácilmente a todo esto, pues se nos da a conocer de forma simple su manera de vivir entre las mujeres que la siguieron por esos caminos fundando nuevos conventos para acogerlas y permitirles ser libres en su elección de vida. Sus escritos, sus bellas poesías y la fortaleza con que sus hermanas la dibujan a través de sus palabras, completan en los bellos cuadros escénicos que se representan toda una vida admirable que conmueve y sobrecoge.

            En Aldeatejada comprobamos una vez más como ya anticipábamos, la confluencia de hechos a los que los caminos que recorremos nos conducen. Nuestras pisadas dejan huella y así como Teresa de Jesús la dejó en Salamanca o en Alba de Tormes, su gran y poderoso amigo, el rey Felipe II, lo hizo en este pueblo, anfitrión en este sábado de “Teresa, la jardinera de la luz”. Y es que fue aquí, donde el rey junto a su prometida María Manuela de Portugal, pasaron los días previos a su enlace, que tendría lugar en la capital salmantina. En una real tienda de campaña y rodeados de un gran séquito de servidores, los entonces príncipes, se confesaron y pasaron allí los días previos a sus desposorios. Corría el mes de noviembre de 1.543. Salamanca fue testigo de este importante hecho histórico, quizá por disfrutar desde siempre de un envidiable ambiente de gentes en sus calles, sobre todo estudiantes. De esto se quejaba en cierta manera Teresa de Jesús, pues esto hacía que resultara difícil encontrar casa para fundar conventos. Con gran simpatía y espontaneidad, la hermana Ana, papel interpretado por la actriz María Sánchez, cuenta esto al público, al hilo de la narración de la fundación del convento de Salamanca. Hace un estupendo guiño de sorpresa por la gran cantidad de tabernas que ocupan la ciudad, “casi tantas como iglesias”. Episodios lúdicos y místicos de los que la ciudad charra en su secular historia ha sido testigo, pues fue en Salamanca también donde la santa compuso su famoso poema “vivo sin vivir en mí”, tan magníficamente declamado por esta misma actriz en otro momento de la obra.

            Un horno de tejas, probablemente de la época de la carmelita ha hecho posible techar la vida de muchas gentes como las que en esta tarde se han acercado a recordar la posada que Alba de Tormes ofreció a la madre en los últimos momentos de una vida tan plena, que la ha situado a la altura de “su Majestad”, como ella denominaba a Dios, y que deja muy por debajo a la humilde tienda de campaña, por muy real que fuera, que se representa en el escudo de Aldeatejada y que conmemora la presencia en este pueblo, del rey Felipe II y su prometida María. Rey y monja fueron grandes amigos y ambos dejaron huella en estos caminos en los que coincidieron. Grandes puntales también, para la Historia que con gran maestría, cuenta en la suya “Teresa, la jardinera de la luz”. Aldeatejada fue la gran protagonista de este hecho. Y sus aplausos formaron parte una vez más, de otra historia, la de esta singular obra de teatro.

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