Lunes, 18 de diciembre de 2017

Erasmo: De Rotterdam a Salamanca

Primera colaboración del escritor venezolano especialmente vinculado con Salamanca. Y lo hace sobre el último libro del filósofo y poeta salmantino Luis Frayle Delgado
El escritor Luis Frayle Delgado

“Pero tan pronto como llega la terrible tempestad de la guerra ¡Dios inmortal! Qué ingente mar de males inunda y anega todo el universo. Son requisados los rebaños, arrasadas las mieses, los campesinos descuartizados, las villas quemadas, las más florecientes ciudades levantadas durante tantos siglos, son derruidas en un solo ataque. Tan proclive es el hombre a hacer el mal como a hacer el bien”.

Erasmo de Rotterdam 

  

La vigencia y pertinencia del pensamiento de Erasmo de Rotterdam no se pone en duda en tiempos crispados y confusos, muy parecidos a los vividos por el pensador, menos cuando se lee el señero libro que lleva por título Dulce Bellum con estudio preliminar y la versión al castellano del humanista Luis Frayle Delgado (editado en Salamanca en los talleres de la imprenta Kadmos, 2015), quien, de entrada, señala - en concordancia con los críticos de la obra erasmiana - que se trata de uno de los escritos más revolucionarios del intelectual holandés.

El escritor salmantino subraya el propósito del neerlandés de renovar el cristianismo con el fin de retornar a su más pura y genuina esencia de religión de paz, justicia y amor al prójimo. Cita Frayle a su Erasmo traducido: “Guerreamos constantemente; se enfrenta una nación contra otra nación, un reino contra otro reino, una ciudad contra otra, un príncipe contra otro, un pueblo contra otro pueblo; y, cosa que también los gentiles consideran impío, guerrea el vecino contra el vecino, el pariente contra el pariente, el hermano contra el hermano, el hijo contra el padre; en fin, añadiré a mi pesar lo más horrible de todo cristiano contra cristiano”.

Es que ciertamente los tiempos vividos por Erasmo no fueron de paz sino de guerra, sangre y muerte, Frayle sitúa al lector en esos desastrosos años, de verdadera guerra civil entre hermanos, cuando los principales protagonistas de las contiendas entre cristianos – los Habsburgo y los Valois -  eran lideradas por dos guerreros de alto cuño: Carlos V, El Emperador, y Francisco I de Francia. A esta continuada confrontación se suma también la Reforma luterana que propicio severos enfrentamientos entre los príncipes alemanes defensores de la reforma en contra de los papas guerreros y sus aliados que culminó en una severa ruptura de una parte significativa de la cristiandad.

Pero nada como la débil y precaria defensa de la cristiandad contra la permanente amenaza del Imperio Turco de penetrar – por mar y tierra - a fuerza de asaltos y batallas por parte de sus muy bien entrenados guerreros hasta el corazón de la cristiana Europa. Perfectamente consciente de este peligro cada vez más real y cercano, Erasmo, como si fuera un testigo privilegiado de la actual guerra contra el islam afirma categórico: “Ciertamente ni siquiera me parece que haya que probar que a menudo maquinamos la guerra contra el turco…lo que se consigue por la espada se pierde por la espada”, y propone que se conquiste a los infieles con el ejercicio de las características inconfundibles del cristiano: vida inocente, el deseo de bienmerecer incluso de los enemigos, tolerancia de todas las injurias, desprecio del dinero, menosprecio de gloria, vida humilde, armas suficientes para someter al turco.

 ¡Bienvenido este viejo nuevo libro de Erasmo de Rotterdam con sesudo estudio y cuidada traducción por el maestro y amigo salmantino Luis Frayle Delgado!  

Enrique Viloria Vera