Lunes, 18 de diciembre de 2017
Las Arribes al día

Aires de cambio en el Caribe

ANTONIO VICENTE / Juez Internacional Canino

Uno de los dos conflictos mundiales enquistados en el tiempo (el otro es el israelí - palestino) parece que toca a su fin  tras los últimos movimientos diplomáticos habidos hace unos días; me refiero a las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Si bien hace dos años ya, las relaciones entre ambos países dieron un giro espectacular, ha sido ahora,  con la visita de la familia Obama a la isla caribeña, cuando se adivina que estamos en la recta final –aunque larga recta- de una enemistad tan larga como la vida misma de los más longevos del planeta.

Una nefasta relación de amistad y vecindario que cobró niveles máximos a raíz de la llamada invasión de Bahía Cochinos en abril de 1961, cuando tropas de disidentes cubanos en EEUU apoyados por la administración Kennedy, en una acción preparada por el anterior presidente Eisenhower,  trataron de asaltar la isla para derrocar al régimen,  nombrando un Gobierno provisional, acción que fue un estrepitoso fracaso, tras ser repelidos por el ejército revolucionario  de Fidel Castro.

Una vez desatadas las hostilidades por este hecho,  la Administración Norteamericana descubrió, meses después, misiles nucleares rusos en suelo cubano que el líder soviético Nikita Jrushchov  había hecho llegar tras un acuerdo con Fidel Castro; era octubre de 1962 y la crisis desatada,  durante trece días,  fue la mayor de la ‘guerra fría’, estando a punto de desatar una guerra nuclear entre las dos grandes potencias que hubiese arrastrado a sus respectivos aliados en lo que hubiera sido una tercera guerra mundial. Pero todo se saldó, finalmente,  con el desmantelamiento de los misiles y su traslado de regreso a la URSS y el compromiso de EEUU de no invadir la isla caribeña, posibilidad  que en aquellos días  parecía inminente tras los contactos diplomáticos, de aquellos días, entre las dos superpotencias y de espaldas al Gobierno cubano. Fue lo conocido, históricamente, como ‘la crisis de los misiles’.

Salvada esta crisis,  las relaciones de EEUU con Cuba han seguido siendo malas con el paso de los años, pues el embargo (bloqueo, para el régimen cubano) comercial de la superpotencia hacia la Isla se ha mantenido en el tiempo a la vez que ha habido  episodios puntuales en el tiempo  como la huida de cubanos a Florida que levantaron fuertes conflictos bilaterales. El más grave (en lo diplomático, aunque  sin tintes bélicos) fue a finales de 1999 con el conocido como ‘niño balsero’, Elián González.

A finales de la década de los años  80, apareció  en la escena política soviética Mijaíl Gorbachov, cuya  histórica reforma conocida como la Perestroika  trajo una serie de cambios en el orden mundial; entre otras cosas,  a raíz de aquella manera de hacer política,  la URSS dejó de ser el sostén militar, político y económico de los países afines  a aquél régimen. En  esa nueva situación,  la caída del régimen cubano se predijo  por activa y por pasiva, pues no parecía factible mantener el régimen  sin la ayuda expresa de la antigua  URSS,  pero el viejo dictador, Fidel Castro, no solo se supo mantener en el poder sino que halló en su hermano Raúl Castro un sucesor a su medida para, probablemente, inmortalizar su régimen.

Sin embargo, Raúl Castro siempre se ha mostrado reformista y aperturista, y en consecuencia comenzó de inmediato a levantar determinadas prohibiciones que venían soportando los cubanos, llegando a entregar el usufructo de miles de hectáreas de tierra a los agricultores. También expresó su intención de iniciar conversaciones  con EEUU para normalizar, algún día, sus relaciones. Paralelamente, el mandatario norteamericano,  Barack Obama, que ya en su primera campaña electoral manifestó su intención de ”hablar con todos los enemigos de Estados Unidos”, ha encontrado en Raúl Castro el perfecto aliado para establecer una nueva relación entre ambos países muy a pesar de Fidel Castro, que ha expresado tras la visita de Obama a la isla, a través de una carta publicada en el diario oficial Granma, su desconfianza de la política norteamericana, llegando a asegurar que Cuba no necesita regalos del ‘imperio’”.

A pesar de esto, la Administración norteamericana no interpreta este hecho como un freno a la nueva etapa de relaciones bilaterales y sí aprecia como un gesto muy positivo, de amistad y entendimiento,  el hecho de que el presidente, Raúl Castro, acudiera al aeropuerto de La Habana a despedir a la familia Obama,  y continúa, en consecuencia,  empeñada en que el camino iniciado no tenga marcha atrás, con más prisa incluso de la habitual en casos similares dado que las próximas  elecciones americanas están próximas y una posible llegada de los republicanos a la Casa Blanca  podría dar al traste con este proceso. Esta vez los vientos que soplan en el Caribe deben ser aires de cambio y de libertad, que lleven una mejora inequívoca en la calidad de vida del pueblo de Cuba, que ya es hora.