Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Corrupciones paralelas

      Que la Historia se repite es tan cierto como que pagaremos las consecuencias de no querer aprenderlo. La implicación de gobernantes de primer rango en presuntos casos de evasión y blanqueo de capitales destapados en los conocidos como "Papeles de Panamá" se encuadra en la podredumbre que suele acarrear el exceso de poder y de riqueza entre personas sin escrúpulos.

     Traigo hoy a esta sección unos episodios anteriores de hipercorrupción política y económica que poseen una significativa semejanza. Se trata de cuatro casos ocurridos en Francia y España, dos de ellos del siglo diecinueve y los otros dos, del veinte. Los protagonistas del diecinueve son José Fouché y María Cristina de Borbón. Los del siglo pasado, François Miterrand y Jordi Pujol.

       José Fouché pasó de ser un revolucionario pobre y populista, cruel ejecutor de enemigos de la Revolución Francesa, a multimillonario y poseedor de altos cargos políticos y hasta un título nobiliario. Como señalo en mi novela La baraja del duque de Otranto, Fouché "fue protagonista del periodo más negro y turbulento del terror revolucionario, hundió y encumbró a dos reyes y un emperador, fue elevado a la dignidad de duque después de reducir a astillas incontables árboles genealógicos de la antigua nobleza, y a los cincuenta y seis años de edad, viudo con cuatro hijos, en franca decadencia física y política, contrajo matrimonio con la bella condesa Ernestine de Castellane, de nobleza acrisolada, que no había cumplido los veintisiete. Para entonces José Focuhé había amasado una inmensa riqueza, algunos afirman que la mayor fortuna privada de Francia, con palacetes en París, castillos y extensas fincas agrícolas, ganaderas, cinegéticas y recreativas, además de participaciones e inversiones multimillonarias en empresas y negocios nacionales e internacionales."

       El caso decimonónico español es el María Cristina de Borbón, reina consorte de España en 1829 por su matrimonio con Fernando VII, y, tras la muerte de este, regente del Reino durante siete años (de 1833 a 1840). Se había casado con uno de sus guardias de corps, lo que sería hoy un escolta, con cuya complicidad se dedicó a amasar una fortuna considerable mediante chanchullos y tráfico de influencias. Extraigo ahora las citas de mi novela ¿Quién mató a Larra?: "Durante el reinado de Fernando VII hubo sobrados motivos de denuncia. El Gobierno de la nación dependía de una camarilla de ineptos y vividores cuyo único mérito consistía en reír las gracias al monarca y colaborar en sus caprichos, lo cual significaba a menudo la persecución de los liberales mediante calumnias e insidias. Fernando Muñoz y su mujer, María Cristina de Borbón, fueron obligados al exilio en dos ocasiones (en 1840 y 1854) por rivalidades políticas y, sobre todo, por manifiesta corrupción de sus pingües negocios, incluido el tráfico de esclavos con Cuba. Ella desviaba cuantiosos fondos públicos a las industrias de las que era accionista y él promovía inversiones en el ferrocarril, propiedades inmobiliarias, explotación de fincas agrícolas y el sector minero de Asturias."

     Vayamos al siglo veinte. Los datos de la corrupción de François Mitterrand se publicaron en el diario El País de 6 de marzo de 1993 en los siguientes términos: "Los franceses, hartos de los escándalos de la 'era Mitterrand'. La 'fiebre del oro' ha acabado con el prestigio de quienes llegaron predicando la moralidad. Los franceses le llaman el ras le bol. Es decir, que están hasta las narices. Sus sucesivos regímenes políticos nunca fueron, un modelo de virtud moral, pero pocos protagonizaron la catarata de escándalos políticos y financieros que ha caracterizado la presidencia del socialista François Mitterrand. ¿Cómo ha podido terminar así un mandato que se presentaba bajo la bandera de la moralización? Ésa es la gran pregunta de este final del reinado socialista. A mediados de los años ochenta, la sanidad pública francesa efectuó transfusiones de sangre contaminada con el virus del sida a millares de hemofílicos. Cientos de ellos murieron y siguen muriendo hoy día. Si la primera mitad del reinado republicano de Mitterrand estuvo caracterizada por escándalos más bien políticos –Greenpeace, Vincennes, sangre contaminada...–, la segunda parte ha sido la de los asuntos de dinero. Se entregaba a esos gabinetes de estudios del PS (Partido Socialista) una comisión del 3% de la cifra total del negocio en cuestión y se recibía a cambio una factura justificada por una prestación inútil o inexistente. Después, los socialistas votaban a favor del proyecto."

          O sea, el Partido Socialista francés se lucraba de comisiones irregulares del 3%... ¿Les suena ese porcentaje? Pues sí, es el mismo que se puso de manifiesto en el Parlamento catalán, y no precisamente por un descamisado sino por Pascual Maragall, expresidente socialista de la Generalitat. Acudo de nuevo a El País: "El reproche de Maragall a Mas se produjo el 24 de febrero de 2005, en un pleno en el que el Parlamento catalán abordaba los derrumbes por las obras del metro en el barrio del Carmel". La corrupción venía de mucho tiempo atrás, desde el reinado de Jordi Pujol, un independentista cuya forma de gobernar ha sido comparada con el estilo de los clanes de la Mafia. En la trama que investiga la justicia (con escasa luz y aun menos taquígrafos) están implicados el honorable ex-president  y sus hijos. Sólo a uno de ellos, Jordi Pujol Ferrusola, se le atribuye haber amasado una fortuna, en parte con fondos públicos, de más de 55 millones de euros que se han movido por una docena de paraísos fiscales."

     Revolucionarios terroristas, testas coronadas, presidentes de Repúblicas y líderes de comunidades autónomas... ¿Alguien con dos dedos de frente puede creer que la corrupción es un asunto monocolor y específico del tiempo que nos toca vivir?