Jueves, 14 de diciembre de 2017

La dictadura del correctariado

Hoy,  cariñoso comentario sobre actualidad y corrección política.

Hoy quiero hablarles, queridos paisanos de allá, de algo muy de acá –que de vez en cuando empiezan a usar allá– el “Hoy no circula”.

Hace años, por los serios problemas de contaminación, se empezó a implementar –cómo les gusta este verbo a los políticos– un programa para que los coches dejaran de circular un día. Cuentan que lo que pasó fue que, quienes pudieron, en vez de comprar un coche nuevo, siguieron con el suyo y le agregaron uno más viejo –carcacha, en mexicano–; a ello se unió la exención a muchos vehículos “de uso profesional” que, en realidad, eran de vendedores en los mercadillos –tianguis– que solían ir a votar, en grupo, por el partido que, curiosamente, les daba esos permisos.

Hace poco, otro partido, queriendo montar bronca, consiguió una sentencia contra la regla que decía que los coches no podían circular por viejos; la Corte (el Tribunal Supremo de acá) dijo que eso era discriminatorio; si un coche, viejo o nuevo, cumplía con las reglas que pusiera la autoridad, podía circular todos los días.

Esa autoridad, en vez de revisar sus parámetros o ponerse estricta con quienes revisan los coches –verificentros– no hizo nada salvo protestar contra los jueces… Y enseguida, decir que había más coches, que por eso había más atascos, que por eso había más contaminación…

En una ciudad en la que el coche es muchas veces necesario pero también es cierto que, aquí, y allí, si uno tiene coche, debe mostrarlo, pero aquí se agrega que el transporte público, además de malo –en muchos casos– es “de pobres”... porque el auto es aspiracional… Aquí por lo menos…

Volviendo al tema, lo que esa autoridad no decía, ni dice, es que se ha puesto a hacer obras por todos lados (el hoy “alcalde” parece que quiere ser candidato a presidente en 2018, ¿tendrá que ver?); tampoco parece tener que ver una medida muy cool –muy correctita, muy de los tiempos que corren–: carriles bici en algunas de las calles principales.

Esos carriles bici, sin haber educado antes a ciclistas –se consideran, muchos de ellos, peatones, amén, claro está, de salvadores del mundo– y conductores, claro que no han contribuido al caos; que haya menos espacio para los mismos coches es irrelevante, como lo es que ahora, en lo personal, además de correr el peligro de que me atropelle un pesero (autobusito privado, con más de 20 años funcionando, muchas veces sin seguro; conducido, en muchos casos, por gente  que apenas sabe manejar, desconoce los reglamentos y , por supuesto, considera estupideces las mínimas reglas de convivencia), ahora puedo ser embestido, en la banqueta (acera), por un o una ciclista que no quiso ponerse en riesgo por los coches… y a quien, como está salvándome, debo permitirle esa libertad.

La autoridad, había olvidado comentar, se dice de izquierdas, por eso, no va contra las mafias –verificentros, dueños de los autobusitos, taxistas– sino que nos obliga, en tono regañón, a usarlos, “por nuestro bien”. Otros salvadores.

Y este ciudadano insalvable (el que suscribe) que en más de 20 años no ha dado una mordida, que ha pagado siempre lo que le ha tocado pagar, que tiene el coche con todas las revisiones pertinentes, acata… Pero ve que sigue habiendo muchos que parecen burlarse, porque ellos sí saben cómo salvar, de nuevo, la ley o la norma.

Con todo eso, este ciudadano insalvable se cabrea. Y piensa que el alcalde y su grupo tienen de progresistas lo que este ciudadano de salvífica monja clarisa.

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