Sábado, 16 de diciembre de 2017

El asno de Buridán

Al igual que  la paradoja del asno de Buridán, los españolitos estamos abocados a morirnos de hambre sin saber que elegir o a quien aplaudir. Y es que lo de la política patria cada vez anda menos juiciosa y más anodina.

Con la cuenta atrás en el cogote, oliendo el fracaso de tener que acudir de nuevo a nosotros para intentar arreglar lo que son incapaces de pactar. Y con la piel de toro soltando el pie del acelerador ante un mando provisional. No me digan que lo del pollino no viene al pelo.

Y es que el pobre rucio acabo sumido en tal indecisión, que no supo que montón de heno escoger para su manduca. Ambos eran idénticos, pero pasó a mejor vida por no jalarse ninguno de la indecisión en la que sucumbió.

Así que ahí andamos, entre montones de gramíneas de igual sabor, textura y olor, vestidas con colores distintos, e intentando que compremos su libro.

Y todo esto viene porque creo que lo que en un principio se revelaba como un mapa político heterogéneo, plural y con cierta carga de oxígeno.  Se ha tornado en algo monocolor,  muy parecido a lo que había antes, eso sí, más repartido.  Así que nos abocan sin remedio, como al jumento, a no saber que montón elegir por lo mucho que se parecen.

Todos van a lo suyo. Unos fiándolo a un fiasco que nos lleve a las urnas y les permita repetir  butaca. Otros agarrándose al virgencita, virgencita. Y los menos, silbato en boca y tarjetas en bolsillo.

Pero dejando al borrico y sus motones de lado, o no. Ustedes verán. Hay una imagen de hace unos días que confirma y delata el  “vende burrismo”  en estado puro.

Ese paseíllo de Sánchez e Iglesias en la carrera de San Jerónimo retratado por toda la prensa, y pretendiendo ser el paradigma del “buenrollismo pactero” se ha tornado en una instantánea artificial, mal cocinada y totalmente de plástico.

Y  todo gracias al retratista que cámara en mano optó por situarse a los lomos de los insignes líderes de la izquierda nacional, y captó a los cientos de compañeros que de cara tomaban  instantáneas del momento, perfectamente colocados y aleccionados para el momento.

De no haber visto la panorámica desde la retaguardia, parecería incluso que los líderes zurdos disfrutaban de un amigable y agradable paseo cuando la realidad era bien distinta. Un ejemplo de esa política de plexiglás que tanto se aleja del ciudadano por mentirosa y teatrera.

Y es que esa liturgia que inevitablemente tiene la política, de pose y representación, ha caído a niveles  míseros en cuanto se les ha exigido un poco de altura de miras y calidad escénica. Y no digo con esto que antes fuera la Medea de Eurípides, ni mucho menos, pero el espectáculo que nos brindan un día sí y otro también, da pena y miedo a partes iguales. Y lo peor, es que el espectador sigue sin engancharse ni al argumento ni a los actores.

Mientras, entre tanto guión y escaleta, España desacelera preocupantemente. Algo que al PP le refuerza en su política numérica y apremia al pacto del bando contrario. Aunque los que acaban sufriendo el frenazo son los de siempre.

 

Así que quieren que les escriba, que mientras ninguno quiere perder el perfil,  siguen entre distracciones fotográficas  y reuniones famélicas. Y yo, con su permiso, me voy a comer un trozo de hornazo que no se lo salta un general de división, esperando que entre tanta delicia charra alguno de ellos se decida a ser político de verdad y elijan montón de una santa vez o por fin nos hablen con franqueza de cómo anda el corral. Que se nos pasa el arroz y podemos acabar como el asno de la paradoja.