Jueves, 14 de diciembre de 2017

El dios Apolo y Maquiavelo

 

Me la ha armado bien el dios Apolo. Está visto que ni de un dios se puede fiar uno. Me confirmó, en su santuario de Delfos, y me juró por lo más sagrado ante la mismísima Pitia, que, por Pascua cristiana, tendríamos gobierno nuevo; y hemos dejado la Pascua con el Lunes de aguas, y seguimos igual. Estas jugarretas no se me hacen a mí, comprometido con mi gente, y menos, después de hacer sido fiel con el cumplimiento del rito: “puse, sobre tu altar, una tarta hecha con miel y sacrifiqué una cabra, que quemé en una hoguera rociándola con agua”. Escuché su promesa y me volví a casa fiado de ella. Y me ha defraudado. Me ha dejado mal, muy mal ante los compañeros, que fiaban de mi palabra, y más, cuando iba avalada por el testimonio de un dios.

Y vuelvo a la tierra, y observo como Maquiavelo irrumpe en escena y termina por enredar aún más el desenredo con aquella regla para él categórica: “El que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina”. ¡Lo guapo que hubiese estado callado! ¡Lo bien que hubiese estado haciendo de muerto! Pero mira por donde, ha conseguido que don Tancredo siga haciendo el tancredo, y los otros se entretengan, según la versión oficial, representando comedias y sainetes un día sí, y otro también. Y menos mal que se han empeñado en representar comedias y sátiras grotescas, porque si les da por la tragedia, como la del último título: “El déficit público del 5% y algo más”, hoy vivimos con enaguas y harapos.

Lo de la comedia me hace más gracia. Vamos que prefiero la comedia, porque es menos dramática, más alegre, más popular y más entretenida. Incluso Aristófanes, hace cuantá, le gustaba llevar a escena cuestiones políticas, sociales, religiosas o artísticas, que se debatían en su tiempo, y que censuraba con un humor satírico e inagotable. Entonces, también, toda innovación se consideraba demagogia o perniciosa. ¡Lo que son los tiempos!¡ Son los mismos tiempos con otros ropajes! Y me olvidaba: también entonces los actores llevaban máscaras, máscaras que se resistían a disimular, exactamente, sus rostros.

Ya os hemos visto actuar. Demostradnos que tenéis termeño, que habéis aprendido algo de la farándula y de que la tragedia es “uno de los milagros del espíritu humano”, y, entre los humanos estamos nosotros con muchos problemas. ¡Bajad de la inopia y tomad decisiones serias y realistas, por favor! ¡Y olvidaos, de una vez por todas, del pelmazo de Maquiavelo!