Martes, 12 de diciembre de 2017

Vendedores de humo

Que en esta ciudad tenemos un patrimonio arquitectónico maravilloso, cierto. Pero estoy un poco harto de trampantojos y de espejismos. De seguir exportando la misma postal de Salamanca, con el “alto soto de torres” al fondo. Una Salamanca de fachada y apariencias, como siempre, muy lejana de la emoción que nos pretende transmitir el vídeo.
Hagamos el mismo recorrido que los protagonistas del vídeo y entremos en la ciudad por el Puente Romano. Allí me viene a la memoria como la desidia municipal hizo que el verraco del puente –símbolo del escudo salmantino– estuviera fuera de la puente muchos años y allí, al ver pasar en bici, a los modelo escogidos para el spot pienso en voz alta: ¿Es Salamanca un modelo de ciudad para el amante de la bici? Me gustaría escuchar la opinión de los colectivos que trabajan para favorecer el uso de la bici en la ciudad y si piensan que aún queda mucho por andar, o por pedalear. ¿Haría usted, señor Mañueco, este trayecto en bici? ¿Vemos a algún concejal de su grupo ir al trabajo en bicicleta?
Llegamos a la Plaza y paseamos por los soportales, por allí también paseó mucho Aníbal Núñez, un poeta que paseaba por la plaza a contracorriente, olvidado en esta ciudad y que es un claro referente de la poesía más allá de nuestros límites geográficos. Y allí también, en una de las fachadas de esos mismos soportales, sigue viendo pasar la historia, el medallón de Franco, alcalde vitalicio a perpetuidad de nuestra ciudad patrimonio. Fachada, y fachas, y apariencia, señor alcalde.
Posamos la mirada brevemente en la Casa de las Conchas y en la Clerecía. En la primera el verdadero patrimonio está dentro, en los libros y en el trabajo que desempeñan –con escaso presupuesto y medios– quienes defienden la cultura y las bibliotecas públicas. Pero de esa casa parece que solo interesan las conchas y ni siquiera pues hay muchas aún por restaurar.
Nos acercamos ahora a la antigua cárcel, hoy Museo de Arte Contemporáneo, un museo que sale adelante con el trabajo de sus empleados y responsables más directos, un museo que no es ni la sombra de lo que fue, cuando se sustentaba únicamente con generosos presupuestos. Fachada y apariencias, señor alcalde. Una de sus concejalas de cultura se apartó de su cargo en plena crisis del Museo de Arte, del que ustedes despidieron a gente muy valiosa, como también hicieron en su fundición de cultura.
¿Cuántos conciertos hemos visto en la Catedral Vieja? ¿Pocos, uno, ninguno? Responda con sinceridad. ¿No es la del vídeo una imagen irreal? Si hasta cobran por entrar a ver el retablo. Alguno hasta prefiere casarse allí por disfrutarlo más tiempo y salir en la foto.
Que a nadie le engañen las imágenes. ¿Cuántas veces hemos podido pasear por la biblioteca histórica de la Universidad hoy convertida en pecera? Solo quienes llegan hasta aquí avalados por la fama o los títulos, o algunos acreditados pueden acceder a ella libremente. No nos venda apariencias, señor corregidor. El resto solo podemos verla desde lejos. Ya me gustaría a mí tener cerca toda esa cultura de anaquel.
Y ahora entremos en una de sus aulas. ¿Quién no recuerda el espantoso holograma de Fray Luis en el aula que lleva su nombre? Otro atentado estético de este mundo moderno de las apariencias. A mí, señor alcalde me dejaron sentar en la silla donde la hacía Federico García Lorca en su casa de la Huerta de San Vicente y leer al grupo de visitantes uno de sus poemas. Qué pequeño privilegio sostener en mis manos una primera edición de su obra. Y a un amigo le dejaron tocar un blues en el piano donde otros dedos, los de Lorca o Falla, hicieron maravilla y música. Aquí, en esta ciudad, hay cordones, vidrieras y carteles que impiden tocar. Apariencias, señor alcalde.
¿Sabrán los niños y jóvenes de Puente Ladrillo o Pizarrales –por citar dos barrios– quién fue Fray Luis de León o quién fue Juan Picornell o quién no fue Adela Lastra? Presumimos de rana y de astronauta en el casco histórico pero nos olvidamos de los barrios difíciles de esta ciudad, llenos de miseria y suciedad. Allí no llega la flota de la maquinaria que mantiene limpio el centro, para la postal. ¿Qué puede decirme del tejido social y cultural de los barrios de esta ciudad, señor alcalde? Uno de sus concejales no creía oportuna una biblioteca en el Barrio de San José porque allí sólo hay gitanos –y cito palabras textuales– y no leen. ¿De qué patrimonio presumimos? ¿Del de piedra? ¿Conocemos la historia de nuestra ciudad, nuestro callejero? ¿Qué labor hizo en este sentido su Fundación de Saberes? Aquí sólo entendemos de sabores, y poco, si el jamón está bien curado y si el hornazo está bien cocido.
Sigamos de ruta. En muchos folletos de la ciudad se nos invita a ver la estatua de Carmen Martín Gaite o la de Gonzalo Torrente Ballester, ¿Y por qué no la de Medes, el tamborilero? ¿Dónde está, después de muchas promesas, la escultura de Adares? ¿Alguien conoce el busto de Unamuno en las escaleras de la Facultad de Filología, en Anaya? Si no fuera por la Asociación de Amigos de Unamuno apenas sabríamos de él en la prensa salvo el día en que la corporación municipal, la misma que tardó 75 años en devolverle su acta de concejal, celebra un breve acto, con ofrenda floral incluida, en diciembre. Más apariencias, señor alcalde. Más fotos al lado de quién desenmascaró el verdadero sentir su ADN político.
Ustedes que colocaron una pancarta en la fachada de la Plaza Mayor y descontextualizaron las palabras de Unamuno para defender la unidad del archivo. Ustedes que cambiaron el nombre a una calle porque no tenían suficientes titulares en su prensa fascista para hablar de expolio cuando nos han expoliado en estos años la educación, la sanidad y la cultura. ¿Sobre qué pretenden darnos lecciones? Del único patrimonio del que pueden presumir es del de sus correligionarios, todos aquellos amigotes que se han hecho de oro y han engordado su patrimonio a costa del nuestro.
Más aún. El Ayuntamiento presume ahora de Casa Lis –me sorprenden tantos segundos en el vídeo– pero con Julián Lanzarote al frente orquestó una campaña difamatoria contra su director pagada con dinero público. Seguro que la recuerda, señor Mañueco. Y a quiénes la defendimos nos pusieron una mordaza, mucho antes de esta ley que su partido suscribe, y vetaron nuestra participación en la cultura de la ciudad. Dejo aquí esta reflexión para el futuro Museo de la Memoria, la histórica y la intrahistórica. Ustedes, que emplearon datos privados del padrón municipal para enviar difamaciones a particulares y empresas para desprestigiar la Casa Lis ahora se cuelgan medallas y le echan flores, de lis.
Sí. El cielo de Salamanca es muy hermoso, claro que sí. También el de la provincia, señor alcalde. Cómo se verá el cielo de la provincia desde Retortillo, a la luz de la mina de Berkeley, en las noches despejadas de la dehesa salmantina despoblada de encinas. ¿Qué pensará la humanidad de este atentado si llega a producirse? El patrimonio de Salamanca también está en la provincia, en sus gentes desatendidas desde la Diputación que mira para otro sitio, que apacienta a políticos en bajas horas y que brilla por su corrupción.
Y qué hermosa la Plaza Mayor, nuestra postal más internacional, la misma que alienta la Nochevieja Universitaria, la misma en la que los estudiantes celebran las novatadas de comienzo de curso y por las que se pasean nutridos grupos de visitantes culturales que vienen a despedir aquí su soltería. ¿Son todos ellos parte de este patrimonio?
Me sorprende también ver un grupo de música en el vídeo, y reconocer en él algún amigo, en un local de la ciudad. Esos mismos locales multados y perseguidos por su policía, algunos obligados a cerrar por falta de aliento y apoyo y porque no pudieron competir con la mafia hostelera que solo ofrece barras libres y botellines por menos de un euro cuando llega la noche. ¿Qué trata de mostrarnos con un grupo musical en el vídeo si en su oferta de ocio nocturno saludable participa una ONG que preside el tipo que impulsó la ruta del bacalao en el Levante español? Fachada y apariencias, como siempre.
Esta es la otra Salamanca, señor alcalde, la que nunca saldrá en ningún vídeo institucional, la que se niegan a ver.
No nos venda lo que ya conocemos y apreciamos. Construya ciudad que es su labor. Haga que el patrimonio humano de esta ciudad y provincia estén por encima de la pura fachada, de la piedra. Trabaje a favor de los ciudadanos y no de las oligarquías de esta ciudad. Defienda los intereses de los que nada tienen. Apueste por quienes trabajan desinteresadamente por hacer de esta ciudad un lugar habitable y solidario. Muéstrenos otro vídeo posible, real, sin monumento alguno. Presuma de ese otro patrimonio, el de los que nos sentimos comprometidos con Salamanca y luchamos para cambiarla. No nos venda humo, hermoso humo, pero humo.

Raúl Vacas