Lunes, 18 de diciembre de 2017

Embriaguez democrática

Las declaraciones del “académico” Azúa ponen en entredicho la opinión del “Ciudadano” Félix, cuando afirma que la gente va borracha a las urnas, sin aclararnos a qué tipo de borrachera ciudadana se refiere el septuagenario “novelista” catalán Comella, contradiciendo con su declaración “pescadera” el contenido de su novela Historia de un idiota contada por él mismo.

Si el miedo a la infancia, al amor, la creación, la insignificancia, la idiotez, la pobreza, la invalidez, la humillación, y a tantas imposiciones que la vida organizada nos impone representan el infierno en que vivimos, parece claro que este sucesor de Riquer ha perdido el miedo a todo lo que le acerque al infierno común, para vivir su propio averno.

Olvidándose de sí mismo en su alejamiento del medio natural en que se pierde, y desapareciendo como propone, pretende ver la realidad en todo su esplendor, aunque esta no sea más que el reflejo de su error en el espejo, fruto de la enajenación mental transitoria de quien lleva años acreditando gran talento, arrinconado hoy por la ofensa gratuita propinada a quienes siempre hemos seguido sus pasos y respetado.

Si, como él mismo propone, el único camino para superar la angustia del tiempo es “prestar atención y descansar”, cabe sugerirle que lo haga, manteniendo intacta su capacidad de asombrarnos, conservarnos despiertos y a la espera de que nos aclare si la borrachera con que iremos a las urnas será de alcohol, indignación, frustración o tristeza por sus declaraciones.