Sábado, 16 de diciembre de 2017

¿Dinamitar Podemos?

Se plantea la necesidad de que Podemos se acerque a profesionales independientes, capaces de conectar con amplias capas del electorado (arriba y abajo) que simpatizan con el cambio. Se desea una formación más transversal, “de mayorías y más plural”, que genere una acción política transformadora y no un Podemos enconado en la izquierda más ortodoxa, elitista, perdedora y minoritaria.

Se empeñan en afirmar los más altos dirigentes de Podemos, espoleados por uno de sus cofundadores, Monedero, que entre los podemitas morados no hay crisis ni existen familias ni sectores críticos ni incluso diversas sensibilidades políticas.  Por otro lado, voces interesadas de algunos medios de comunicación, de los partidos y de los poderes financieros, afirman lo contrario, que Podemos sí sufre un grave conflicto interno (¿simples problemas o serias fisuras?). De tanto repetirlo, unos y otros, se lo van a creer. 
Lo que unos relatan, y otros niegan, es que ha brotado un lucha enconada entre pablistas y errejonistas, y otros. O sea, algo estructural y organizativo que va más allá de una simple pelea de colegas entre rupturistas y pactistas, respecto a los acuerdos de gobierno con el PSOE. Sin embargo, en Podemos, aunque algo debilitado por ciertos errores en movimientos tácticos, estrategias no consultadas a las bases, y por sus tensiones internas, todos están de acuerdo en que ¡Pactismo sin garantías, nunca!
Y en medio, inclinando la balanza para Iglesias, está la pinza de los podemitas exIU (“peceros”), y sobre todos ellos flotan los “anticapi”, los más izquierdosos y antipactistas que nadie en Podemos. Algo más que meras desavenencias con luchas internas y purgas de las clásicas, de puro estilo “pecero” soviético de los viejos tiempos. 
    Pablo Iglesias busca una nuevo modelo de partido. Ante un más que posible enfrentamiento en el futuro inmediato entre familias podemitas, el aparato del partido llama a la concordia y a se leales al proyecto nacido del 15M. Sin embargo, Monedero acusa sin subrepticios a Errejón y a los suyos de que habían dejado de escuchar a los círculos, que no se escuchaban a la calle y se dedicaban demasiado al tactismo y a la maquinaria electoral ¿Era así realmente? Poco antes de la elecciones  del 20D, Errejón afirmaba: “Tras las generales, Podemos debe mutar de maquinaria de guerra electoral a movimiento popular”. Parece que conquistar para el cambio los principales ayuntamientos del país, tener decenas de diputados autonómicos y 69 diputados en el congreso (con más de 5 millones de votantes), y una excelente representación en la UE, no es un mal saldo para el objetivo marcado.
    En Podemos la auténtica crisis no es Errejón, Iglesias o los “anticapi”. El problema –lo que agudiza su avance como gran partido alternativo– son los mediocres, esos que han entrado en las estructuras del partido buscándose las habichuelas y no quieren perderlas. Para ello intentan afianzarse controlando todo el poder posible en sus manos para poderse incluir en infinitas listas planchas a candidaturas de todo. Es lamentable que algunos, no muchos, parecen ya buitres carroñeros al olor putrefacto de un posible gobierno de coalición PSOE-Podemos-IU, o de unas elecciones anticipadas. Siempre trepando; nunca han hecho nada efectivo ni lo harán en un futuro; solo manipular, medrar, trepar y dividir.
Es curioso que en medio de esta vorágine informativa salte Monedero –con gran protagonismo cual si fuera el portavoz podemita, aunque ya no está en la dirección de partido– y acuse a Iñigo Errejón, que con sus ausencias y silencios, no ha hecho lo necesario para impedir las familias internas típicas de «la vieja política». El dedo acusador de Monedero también señala a sus más cercanos colaboradores, errejonistas, de los que Sergio Pascual era su mano derecha. Pero qué gran pecado, qué errores tácticos, de bulto, cometió –¿no se pueden decir?– para merecer esa depuración, ese fulminante latigazo de Iglesias y sus acólitos expresado en un escueto y frío comunicado con duros términos al que hasta ahora era secretario de Organización. Iglesias, con descalificación pública incluida, reprocha a Pascual una "gestión deficiente" de las últimas crisis internas en las autonomías  -en especial la madrileña-. Y el secretario general de Podemos Madrid, Luis Alegre, y algunos barones territoriales ¿no tienen ninguna responsabilidad en este asunto?
En Podemos todos aportan algo y hay que destacar que Podemos no se explica por una, dos o cuatro personalidades. Incluso en una fuerza política como la formación morada en la que el liderazgo fue desde el principio un instrumento político imprescindible. Ahora hay una coralidad y una exigencia de recuperar el protagonismo de la gente, de las bases. Y Errejón, a la vez, plantea la necesidad de que Podemos se acerque a profesionales independientes, capaces de conectar con amplias capas del electorado (arriba y abajo) que simpatizan con el cambio. Se desea una formación más transversal, “de mayorías y más plural”, que genere una acción política transformadora y no un Podemos enconado en la izquierda más ortodoxa, elitista, perdedora y minoritaria.
Por eso, en el debate interno de Podemos, no se puede hablar solo de un modelo organizativo sino de varios. Y la estrategia de la maquinaria electoral para lograr un gran partido alternativo para gobernar aún no ha terminado. 
Es sano y necesario consultar a los círculos y a las asambleas, pues son una herramienta de transversalidad, pero hay otras que van más allá de las élites activistas y de los cargos y mandos territoriales a dedo, y de los grupos de presión de diferentes familias políticas.
Ahí está el rico patrimonio podemita, sus militantes, inscritos, simpatizantes, apoderados, los que ayudan a formar ese partido y no pueden dedicarse a realizar continuamente asambleas y reuniones, a veces “dirigidas” y/o con mínima legitimidad representativa o decisoria.