Domingo, 17 de diciembre de 2017

Orgías

 

     El trajín de visitas, dimes y diretes que ciertos políticos se traen estos días ha sido calificado de "orgía negociadora". La palabra orgía se ha ido tiñendo de matices muy variados. Se habla de orgía de colores, de sabores, de sonidos, de prendas de moda…, pero, sobre todo, de orgía sexual. 

      Ocurrió en octubre de 2014 en Bélgica y la noticia corrió más por las redes sociales que por los medios convencionales de comunicación: "Una orgía de 200 ancianos terminó con 7 de ellos muertos". Y añadía: "informes policiales apuntan a que los ataques al corazón y la falta de respiración se podría atribuir al consumo de sustancias como la Viagra para potenciar el rendimiento sexual."          

      La mención de la palabra orgía nos sugiere automáticamente una juerga sexual. Parece lógico, pero no lo es tanto. De hecho, la definición del Diccionario de la Real Academia no incluye ninguna mención expresa del sexo: “Festín en que se come y bebe inmoderadamente y se cometen otros excesos”. 

      Y aún menos vinculación erótica tenía el sentido original del término griego del que procede, el plural òrgia, que significa ceremonias, ritos religiosos y misterios. Los romanos, por su parte, tradujeron el concepto griego de orgía como “Fiestas en honor de Baco”, o sea, bacanales. El último diccionario de la lengua castellana del siglo diecinueve (de 1868) recogía dos acepciones: "Fiesta en honor de Baco" y "Comilona, borrachera".

       Como en los actuales encuentros y trapicheos políticos (entre perdedores, dicho sea de paso) no se produce ningún exceso gastronómico, etílico ni sexual, calificarlos de orgía sólo se explica por lo que tienen de juerga y "otros excesos" antidemocráticos.