Jueves, 14 de diciembre de 2017

Alma inmortal

¿Qué es la juventud? Dícese del período de la vida de la persona comprendido entre la infancia y la madurez. Pero yo digo, ¿es la juventud solamente física o biológica? ¿Es la juventud un estado transitorio o una forma de vivir? Quizá algunos consiguen ser siempre jóvenes, tán jóvenes que no viven para contarlo. Quizá otros desembocan en el subsuelo antes de tiempo por sus delirios de grandeza. Porque jóvenes somos, pero no inmortales. Y sin embargo lo creemos, nos levantamos cada día como si fuéramos seres impermeables. Como si todo lo que nos roza o nos toca fuera un sueño del que despertaremos algún día. Porque lo sabemos, sabemos que llegará un momento en el que odiemos crecer, hasta que crecer se haga inevitable y vertiginosamente rápido. Y simplemente recordaremos estos días como un trailer que te deja con ganas de más. Como si viésemos una película a trozos, y el protagonista fuera un extraño. Espectadores de nuestros propios momentos.

¿Pero ser joven es acaso esto? Tener energía que se desborda por cada poro del cuerpo. Y un minuto después estar rendido a los pies de tu propia cama. Volando por el techo de tu habitación imaginándote historias que ocurren en un futuro incierto y finito. Inyectarte música tan alta que el mundo se hace pequeño para ti, y reír y bailar en el medio de la calle como en un videoclip a cámara lenta. Devorar libros, historias ajenas, inventar mundos, hacer de cada locura una maravilla imposible de igualar. Conocer, admirar, absorber, llenarse, vaciarse y volverse a llenar. Descubrir emociones que no sabías que existían. Perderse y encontrarse después. Buscar otro yo, o más de un yo, quién sabe. Intentar colocar los sentimientos en una estantería y poner nombre a cada uno, para acabar con todos desparramados por el suelo, manchándolo de colores. Y luego esa nostalgia de ver como el reloj va más deprisa que tú. Tantas cosas por hacer, por soñar...Y aquí estás en tu sofá, viendo llover por la ventana. Preguntándote si al menos tendrás la suerte de cumplir los suficientes años como para que todo eso te parezca que pasó hace un siglo. Porque a mí mi infancia ya me parece tan lejana que casi ni la reconozco. Es así, esa pregunta intermitente de ‘¿cómo te ves en veinte años?’ No soy capaz de responder, puesto que no me veo, solo me imagino. Nos imaginamos con lo que ahora tenemos de referencia, pero no sabemos cuantas cosas llevaremos en la mochila para entonces. Podemos decir 'me gustaría esto o aquello' pero nunca hacernos promesas que no seremos capaces de cumplir. Aprovechemos esta oportunidad, aprovechemos hoy. Hagamos todo lo que queremos hacer ahora, y también lo que no, lo que nos agradeceremos en un futuro.

Si algo he aprendido es que uno tiene que actuar por convicción propia. Se podrá arrepentir o no de las consecuencias, pero jamás olvidará esa lección. Y sobre todo, escuece más arrepentirse de no haber hecho algo que hacerlo y equivocarse. Porque no hay nada peor que la duda, y el imaginar ‘qué hubiera sido y si...' Aunque el miedo nunca nos abandone y sea necesario. Como ese amigo que te acompaña a todos lados.  A veces te dice que tengas cuidado y te agarra del brazo, pero a la hora de la verdad tienes que soltarlo y lanzarte solo. No tengamos miedo. No tengamos miedo de vivir, de envejecer algún día. Porque esa será la prueba irrefutable de que hemos conseguido ser inmortales por un tiempo, por una eternidad efímera. Uno no ha de olvidar su historia ni de dónde viene, porque es lo único que le pertenece.

Cada vez que miro a los ojos a mi abuela y me dice cómo conoció a mi abuelo estoy segura de que, en algún lugar remoto entre el espacio y el tiempo, ese momento está ocurriendo de nuevo. Le brilla la mirada y el alma. Entonces entiendo que la juventud es el mejor tesoro del mundo para quien sabe guardarlo. Solo hay que encontrar la llave. Un espíritu libre puede ser joven para siempre.