Lunes, 11 de diciembre de 2017

La hoja sigue a la flor en los almendros

Uno de los más claros síntomas de la entrada de la primavera es que en la mitad sur de Iberia podemos contemplar varias decenas de vuelos de mariposas diferentes como las doncellas, ninfas, náyades, zigenas, auroras, mantos, arlequi­nes, cejialbas, sofías..., suspiros de color que por los mismos nombres que les hemos dado más parecen una concesión a la fantasía que unos insectos primaverales.

Los alevines de trucha ya tienen tres centímetros y se dedican a la captura de animálculos. Muy cerca hay arrebatos sexuales entre las ranas comunes.

Machos y hembras se van concentrando en los remansos de los ríos y en las charcas, y sus llamadas a menudo son el sonido dominante en los crepúsculos, aunque los grillos cebolleros pretenden hacer competencia con su hiperagudo estridular, también se oye a los autillos, nuestros más pequeños buhos, recién llegados de tierras más cálidas.

La reina de las avispas realiza sus primeros vuelos, tras el letargo invernal, para buscar lugar adecuado donde refundar la colonia poniendo huevos. Las abejas tienen una primera generación anual de obreras visitando flores. En el fondo de las aguas se desperezan los escarabajos, como los ditiscos, chinches como la notonecta y frigánidos... Ya incuba su puesta completa, casi siem­pre sólo dos huevos, el águila real.

Llegan las primeras collalbas rubias, pasan hacia el Norte lavanderas boyeras europeas. Han nacido los somormujos lavancos y los primeros ánades reales.

Los cachorros de lince ya salen de su guarida

La primavera acoge todos los proyectos del invierno y los pone en la pista de despegue sin olvidarse de darle alas a cuanto nace. Y es que hasta la vida subterránea, la del humus y las raíces, la del pez y el caracol, son vuelos más o menos altos.

Mas ocupada en fecundarlo todo, en repartirse generosa y abundantemente, la luz abandona sus fuegos artificiales y los clamores de sus saludos y despedidas. Tampoco se algarabizan las aguas. Más mansas y salpicadas completan la tarea de la suprema humedad invernal.

Hay plaga de vida. Confiamos en que, si quieres hacerle compañía a la renovación de la mayor parte de los ani­males y de las plantas de nuestros campos, al menos te sientas tan alegre como la luz y el agua, como esos suelos tan llenos y esos aires abarrotados de vuelos. Porque cabe vivir dentro de la vida y fuera del tiempo.