Viernes, 15 de diciembre de 2017

La torrija nacional

 

         A la niña bonita no le gustan ni las procesiones ni las torrijas. A la madre de la cordera como que tampoco, las torrijas las hago para mi chico y las procesiones las dejo para aquellos a los que le guste el espectáculo o mejor aún, las sienta como católico. A mí me dan una pena infinita, qué le vamos a hacer, de todas formas, con no ir a verlas ni ponerlas en la tele voy que chuto. Sin embargo, en este país parece que está de moda o hacerse nazareno porque mola –aunque luego no pases por una iglesia ni de casualidad- o cargar contra ellas porque eres de Podemos y los gobiernos del cambio es lo que tienen, ni se atreven a acabar con la cosa porque da dinero ni son capaces de dejarlo tal cual. Esta política de gestos es desgastante y me parece que no lleva más que al cabreo, de todos modos, lo importante es gestionar bien, con eficacia, con sobriedad, sin poner al sobrino, al parejo, al enchufado. Eso parece que es la norma imperante y da igual que seas del cambio o de la cuchufleta, el político es lo que tiene, hay que darle de comer a la claque y olvidarse de la eficacia.

         Lo bueno de esta situación de interinato es que se hace tan poco que estamos divinamente, en el limbo de los justos. A mí que me pregunten y que sigamos así, porque ya vendrán otros a poner a los suyos y a cambiarles el nombre a los ministerios con lo cual, más gasto. Y ni hablar de los discursitos esos de vamos a hacer y vamos a derogar, estamos así tan agustito, sin estridencias, con unos ministros a los que todo se la suda porque estamos de interinato y a un presidente del gobierno a quien le salen los colmillos porque ni tiene que perder ni que ganar. Vamos, tan ricamente, así, sin dar un palo al agua y sin complicarse la vida que para eso están Carmena y Colau, que cada vez que hablan sube el pan. Al Kichi gaditano no le hace falta hablar, el pobre todavía no ha aprendido que una cosa es predicar y otra dar trigo. Debería tomar lecciones de Susana Díaz, que es una experta en nadar y guardar la ropa, por eso yo de Pedro Sánchez empezaba a temblar y a prepararme para las próximas elecciones, porque de la manita de Iglesias no vamos a ninguna parte. La gente está harta de unos y de las ocurrencias de los otros, con lo cual, a lo peor queremos seguir así hasta el infinito y más allá, que al menos no recortan. Mientras, los problemas en Europa crecen y los señores que mandan por ahí parece que no tienen más solución que llamar al primo turco a que reparta un par de mamporros y solucionado. Claro que los mamporros al final nos los dan a nosotros y los yihadistas son tan modernos que van a taxi a poner bombas y se cortan porque les llega un coche con un maletero más pequeño. Si no fuera tan dura la situación les juro que me moría de la risa, pero claro, esto es lo que hay. Una situación tan terrible que de un lado a otro no vemos más que sangre y desesperación. Como para ir a una procesión, estoy empezando a pensar que no hacen falta ni imágenes sacras, con mostrar la realidad vamos que chutamos.

        

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.