Lunes, 18 de diciembre de 2017
Las Arribes al día

La luz se renueva con el regreso de Teresa

VILLARINO DE LOS AIRES | El grupo Lazarillo, de la ONCE, volvió a interpretar la oba de Denis Rafter sobre la Santa andariega

El grupo Lazarillo de Tormes regresó a Villarino para representar "Teresa, la jardinera de la luz"

El día era perfecto. Con la Pascua de Resurrección un nuevo ciclo de vida se instala entre nosotros. No tiene que ver sólo con una festividad religiosa que celebra precisamente el triunfo de la vida sobre la muerte, sino que forma parte de nosotros como la llegada de la recién estrenada primavera. Todo brota con la nueva luz y el calor de un sol que se va haciendo fuerte. Los días son más largos y el mundo se despereza a nuestro alrededor después de un somnoliento invierno que deja paso a todo lo que quiere florecer. Y Villarino de los Aires, puerta de Las Arribes del Duero en nuestra provincia salmantina quiso celebrar esta fiesta de luz invitando a Teresa, la jardinera de la luz a hacer honor a su emblemática tarjeta de presentación, que este título supone, para dar constancia entre los habitantes de este bello paraje de que sus semillas crecen imparables.

Hace algo más de tres meses que el grupo de teatro Lazarillo de Tormes llegó a este pueblo para ofrecer su ya entonces afamada obra. Por aquel entonces eran ya muchas las representaciones llevadas a cabo, y la meta de llegar a la número 100, que el grupo se había propuesto, parecía casi tangible en aquella tarde de noviembre. A pesar de haberse clausurado el año de celebración del V centenario del nacimiento de Teresa de Jesús, Lazarillo de Tormes y su Teresa, la jardinera de la luz, traspasaban las fronteras de esta conmemoración, que tantos actos culturales en torno a la santa había originado a lo largo del 2015, y continuaban llevando su montaje a todas las localidades que por él se seguían interesando. Sin embargo, a pesar del gran incentivo que para los miembros de este grupo de teatro suponía la maravillosa acogida de su obra, fueron, según hemos sabido ‘a posteriori’, unas palabras del párroco del pueblo, cuando vio la obra por primera vez, las que hicieron mella en el corazón de estos actores. Don José Ramón dijo emocionado a los componentes del grupo con la rotundidad y serenidad que le caracteriza que por mucho que se hablara de Teresa, la jardinera de la luz, es necesario verla para entender en su totalidad todo lo que la obra transmite en tan poco tiempo, con un recorrido tan preciso, en pocas escenas, por la vida de Teresa.

Es indiscutible, como en tantas ocasiones se ha manifestado, que se trata de un oportuno guion y no menos brillante dirección del dramaturgo irlandés Denis Rafter. Ha conseguido con un texto de lo más sintético, y con la colaboración de todos los actores, introducirnos de forma cómplice en la vida y obra de una mujer excepcional en sí misma y por tanto única para la época que le tocó vivir, el siglo XVI. Fue sin duda, adelantada a su tiempo, por lo que supuso de revolución ante los comportamientos estancos de la sociedad de entonces, en el que las mujeres eran individuos de segunda categoría, y el mundo de poderosos varones decidía sobre sus vidas. Rebelarse ante todo esto en nombre de un amor infinito que resultaba y ha resultado inefable para el que a él se ha aproximado, era una tarea cuanto menos compleja. Pero Teresa de Jesús consiguió cambiar el mundo alrededor en nombre de ese amor a Jesús de Nazaret y lo supo comunicar como nadie con sus actos, y sus palabras; con su rebeldía y su silencio; y ante todo con su total falta de miedo ante el mundo de hombres que la enfrentaban con asombro. Así, en el más oportuno de los espacios, como brillantemente sugirió el productor de la obra, Javier de Prado, el altar de cualquier iglesia se convierte en el escenario donde se alza un púlpito, para que un representante de la Inquisición, con sus insidiosas preguntas acerca de Teresa, va marcando las pautas con las que las hermanas carmelitas que a él se enfrentan, entretejan un sencillo y elegante bordado de una figura de mujer que como ellas, se perfila bajo un hábito de estameña de lana de oveja, con el que tantos caminos recorrió dejando huella universal a través de todos los tiempos.

Teresa, la jardinera de la luz es un corto viaje a una lejana época que nos enmarca la larga y admirable vida de una monja carmelita que vivió en plena totalidad cualquiera de las facetas de un ser humano. Tuvo una infancia que abrió las puertas de su marcada personalidad que ha regalado a la Historia comportamientos como los de cualquier ser humano, y que a pesar de ser “tan sólo una mujer del XVI”, supo llevar su intelectualidad, espiritualidad y ante todo su vitalidad a lo más alto, porque a eso era a lo que ella aspiraba, a lo más alto, el amor de todo un Dios. Quizá sea por la naturalidad con la que los actores de Lazarillo de Tormes han logrado transmitir una vida que parecía tan lejana por cómo se la había contemplado hasta ahora, lo que ha hecho que esta puesta en escena se convierta en todo un relato catequético o cuanto menos pedagógico. Es un acercamiento a un personaje en el que lo divino se acerca a nosotros y nos convierte en seres capaces de mirar de frente a una Teresa que hace lo mismo con su amado Jesús, llevando de su mano una vida plena donde el sentido del humor no falta, así como los incansables viajes, el tiempo para sus bellas poesías, o la aplastante lógica con la que se dirige a propios y extraños. La música renacentista del montaje, salida del órgano del maestro Salinas, coetáneo de Teresa, añade un toque más de realismo a una ambientación exquisita.

Con esa luz que nos transmite este trabajo y que tan bien se ensalza a través de un bello texto de Teresa de Jesús, prodigiosamente expresado en boca de la actriz Tita Reyes, la hermana Clara en escena, el párroco de Villarino no dudó en volver a solicitar esta representación para su pueblo. Un bello día donde la luz es también la protagonista, el día de la Resurrección del Hijo de Dios, que después de un camino de sufrimiento y dolor en el que Teresa se enamoró de Él, nos transmite la luz de la vida sobre la muerte superada por amor. La energía cargada de emoción en una iglesia llena de aplausos iban dirigidos también al fenómeno teatral escrito en letras grandes, pues este 27 de marzo se conmemora el Día Mundial del Teatro. Es un acto de vida y para la vida que nació en nuestro país en las iglesias a las que ahora es devuelto gracias a Teresa de Jesús y a la profesionalidad de los actores aficionados de Lazarillo de Tormes. La luz de la Resurrección en todo su apogeo, para todas las gentes, creyentes o no, transmitió su mensaje de esperanza en una humanidad, que como en el caso de los vecinos de Villarino se unen en fiesta para celebrarlo. Desde lo alto del pueblo, la ermita de san Cristóbal, los espera el lunes de Pascua, cuando todos suben a compartir el típico hornazo antes de volver sobre sus pasos a sus distintos pero comunes caminos. La vida sigue la misma senda, pero la luz siempre se renueva. Y este año más que nunca, porque este lunes de Pascua, 28 de marzo de 2016, es además el 501 cumpleaños de Teresa de Jesús. ¡Felicidades a todos!

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