Domingo, 17 de diciembre de 2017

Te soñaré 377 veces

Se termina una Semana Santa de sentimientos a flor de piel en un Salamanca que ya comienza a descontar los días para el "próximo" Domingo de Ramos.

Una mezcla de sentimientos invade a todo semanasantero que se encuentre en el Paseo de La Úrsulas el Domingo de Resurreción. Mientras el Hijo y la Madre caminan frente a frente en su vuelta a casa, la cabeza quiere que, tras cinco horas de procesión, llegue ya el final, pero el corazón desea que aquello no termine nunca. Es lo malo de las despedidas.

Porque cuando el Hijo y la Madre se resguarden bajo el techo de la Vera Cruz, la Semana Santa habrá terminado, dando la sensación, como cada año, de que ha pasado demasiado rápido. Y es que lo bueno, si es breve, se le supone dos veces bueno. Y, también como cada año, breve pero sentida. La Semana Santa la marcan las emociones, los momentos que ponen los pelos de punta.

Y sólo queda empezar a contar y descontar los días y noches que quedan hasta que La Borriquilla vuelva a asomar el hocico por la Puerta de Ramos de la Catedral. Y son 377 días los que dice el calendario que han de pasar desde este Lunes de Pascua hasta el primer día de la Semana Santa 2017.

Y es que, mi querida Semana Santa, serán 377 noches las que te sueñe hasta que te hagas realidad. 374 para que San Benito nos entregue a su Despojado. 375 para que La Dolorosa salga a rezar desde la Vera Cruz. Serán cerca de 376 cuando el Cristo de la Liberación abandone la oscuridad del cementerio, las mismas noches que queden para besar las manos de La Soledad.

Te soñaré 377 veces. Y soñaré con los corazones que sobre sus hombros portan la ilusión de los niños cofrades entre palmas y laureles, con las emociones delante del hombre de las ropas rasgadas mientras Salamanca se enciende su paso y con el arrastrar de cadenas por el Camino de las Aguas.

378 veces soñaré con el silencio más antiguo y sobrio que irá reclamando la campana de un muñidor mientras el dorado de la noche se viste de color azul.

379 veces soñaré con la promesa ante la Luz de la Sabiduría y en la austeridad de una cruces caminando sobre sandalias entre el silencio estudiantil.

380 veces soñaré con mecidas y Lágrimas, con capotes, elegancia y el arte sobre el arte teñido de color eminencia.

381 veces soñaré con Agonía y Misericordia, con capirotes largos y largas cabelleras, con quince estaciones y una injusta sentencia, con un beso, un juicio, una mirada clavada en el cielo y el dolor de una madre. Soñaré con la Paz y la noche eterna, con cuernos y carracas.

382 soñaré con la noche de los sueños, con Pasión, belleza, sentimiento y un amanecer de Esperanza. Soñaré con el Bien bajando de la cruz, con azotes, con nazarenos grandes y chicos, con oraciones, angustias y fervores. Soñaré con un camino de cera alumbrando a la Señora de Salamanca.

383 veces soñaré con el sobrecogimiento y el hondo sonido del sordo de los tambores. Soñaré con la humildad bajando hacia la piedra charra.

Y soñaré 384 veces con encuentros y despedidas, con sentimientos encontrados en las Úrsulas. Soñaré con seguir soñando hasta que la luz del mediodía bañe la Puerta de Ramos y volvamos a empezar la cuenta atrás.

Te soñaré 377 veces. Soñaré con tener poco que contar. Porque la Semana Santa, siendo breve, ha de regirse por los sentimientos. Y cuando el corazón habla, las palabras sobran.

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