Domingo, 17 de diciembre de 2017

Tras la Paz, la noche eterna

La Hermandad del Arrabal vuelve a su particular silencio tras proclamar la Paz en la Plaza de Anaya

"Una hilera de capuchas blancas bajo las que se esconden los cansados rostros de los penitentes" (Foto de Álex López)

El pesado sonido de una pesada campana encoge el corazón de aquellas gentes de bien que apuran los últimos alientos de un Jueves Santo que se prepara para formar parte del recuerdo. Una hilera de capuchas blancas bajo las que se esconden los cansados rostros de los penitentes avanza sobre los adoquines de una Salamanca que enmudece al arrastrado paso de las enormes cruces de madera.

Caminan en la noche el Crucificado alzado entre hachones y la bella y blanca Madre que estrena ropajes toreros navegando en un mar de velas. Carracas y cuernos forman un característico y penetrante sonido que recrea la agonía del que parece y la pena de aquella que le sigue hacia el interior de la más semanasantera de las noches.

Alejandro López

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