Martes, 12 de diciembre de 2017

Salamanca-Jerusalén

“De la Vera Cruz con cinco siglos a sus espaldas, cuatro de ellos solemnizando el Santo Entierro de Cristo, al sepelio charro que, desde hace menos de tres décadas, protagoniza el yacente de la Liberación”

Todos los ojos miran al Gólgota. Algunos son conscientes de ello y otros creen no ver nada. Los hay que parecen enorgullecerse de mirar con el desprecio de los sanedritas o la indiferencia de los romanos. No faltan los que contemplan de lejos, pero todo lo cerca que pueden, como María y las mujeres, y quienes dejaron de mirar por miedo, como los amigos que han huido. Ante los ojos de Salamanca, pasan aquellas horas de Jerusalén, entre la sexta y la nona. El olivar de Getsemaní rebrota allá por el Arroyo de Santo Domingo, el pretorio se hace plaza pública en Colón, la calle de la amargura se empina desde Obispo Jarrín, el monte de la calavera se eleva en el Campo de San Francisco, le llevan al sepulcro San Blas abajo y María desanda los pasos por la Rúa. Quince pasos en unas pocas horas. Del Nazareno tres veces centenario a la Soledad que cumple sus bodas de diamante. De la Vera Cruz con cinco siglos a sus espaldas, cuatro de ellos solemnizando el Santo Entierro de Cristo, al sepelio charro que, desde hace menos de tres décadas, protagoniza el yacente de la Liberación. De la agonía en el Huerto al Rescatado que se ofrece en rescate por todos como cada Viernes Santo.

Tomás González Blázquez

Fotografía: José Fernando Santos Barrueco