Jueves, 14 de diciembre de 2017

Una nueva primavera viene del Arrabal

Más de 700 hábitos blancos, una larga hilera de cruces, faroles, incienso, carracas… la Pasión sin alardes cruzó el Tormes (GALERÍA DE FOTOS)

Hábitos blancos, una larga hilera de cruces y la austeridad de faroles, incienso y carracas. Son los signos de la identidad de la procesión del Cristo del Amor y de la Paz, con la que se ha cerrado este Jueves Santo. Tras la salida de la antigua iglesia del Arrabal, los cofrades cruzaban el Puente Romano y después, en el centro de la ciudad, hacían estación de penitencia en la Catedral.

Este año, la María Nuestra Madre Madre (Hipólito Pérez Calvo, 1987) ha estrenado la saya que el grupo joven de la hermandad donó y que ha sido realizada con el traje de confirmación del torero Alberto López Simón. La Virgen iba acompañada por los sones de  la Banda de Música Ciudad de Plasencia y el Cristo del Amor y de la Paz (anónimo, siglo XVII) desataba el fervor de numerosos devotos.

La Paz que arrastran sus maderos

Es la Paz la que arrastran sus maderos. Es una nueva primavera la que traen los hermanos del otro lado del río. Es la esencia misma de la Semana Santa la que cruza el puente romano, la que anuncian las carracas.

Es el arrabaleño Cristo del Amor y de la Paz junto a su Madre Nuestra Señora el que atraviesa el Tormes para adentrarse en la ciudad en un emocionado atardecer, una estampa única en la Semana Santa salmantina, con el lento caminar de los hermanos, con sus claros y monacales hábitos, portando la esperanza de sus corazones en la luz de los faroles. Ni la empinada cuesta de Tentenecio quebró la fuerza interna que lleva en las entrañas esta cofradía de aires renovadores, abierta a una Semana Santa integradora.

Pero fue en el atrio de la catedral, ante miles de salmantinos, donde el rostro de la hermandad brilló con más nitidez, en el acto penitencial en el que proclamó la esencia del Jueves Santo, la misma que proclama y define a este joven colectivo: el amor y la paz.

Más de 700 cofrades

Desde la antigua Iglesia del Arrabal, al otro del río Tormes, partió este Jueves Santo, pasadas las 20.30 horas, la procesión del Cristo del Amor y de la Paz, con cerca de 780 hermanos cofrades que vibraron al paso de la larga procesión por los rincones emblemáticos de la ciudad.

La Cofradía del Cristo del Amor y de la Paz es una de las populares de Salamanca, con el Puente Romano y sus aledaños como miradores de lujo para ver la subida espectacular por la cuesta de la Calle Tentenecio, escoltando los pasos del Santísimo Cristo del Amor y de la Paza y de María Nuestra Madre.

Alejandro Martín es su hermano mayor y sabe lo que es estar al frente de esta hermandad renovadora, en un desfile en el que se entremezcla la tenue luminosidad del atardecer salmantino con la luz que proyectan los dos pasos que tiene esta hermandad. Este año volvieron a contar con el acompañamiento de la Banda de Cornetas y Trompetas del Cristo del Amor y la Paz.

En la procesión del Arrabal, los hermanos visten hábito blanco de tipo monacal, con escapulario y capucha, ceñido a la cintura con soga de esparto. Se completa el hábito con el emblema de la hermandad, cruz y dos ramas de olivo, en plata a modo de medalla.

El hecho de salir a cara descubierta empleando capucha en lugar de capirote se debe al espíritu fundacional de la Hermandad y las adversidades a que se enfrentaba la Semana Santa salamantina en los años 70, ante las que se decidió que era necesario "dar la cara".

 

Fotos de Alberto Martín

  • El Cristo del Amor y de la Paz, antes de cruzar el río / Foto de Alberto Martín