Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Perdón por lo que Bruselas

Nueva York y Washington, capitales del imperialismo y el mercantilismo. Londres, capital de los negocios; Madrid, capital del sur del continente; Paris, capital de la libertad, la igualdad y la fraternidad y ahora Bruselas, capital de la Europa Comunitaria. Todas estas capitales que representan muchos de los valores compartidos por la civilización (¿?) de occidente han sido golpeadas por un terrorismo que intenta justificar su salvajismo en doctrinas emanadas de los textos del Corán, libro sagrado para mucho millones de creyentes, que en ningún párrafo autoriza este tipo de acciones contra natura y… ¿qué estamos haciendo para evitar esto?

 

El Papa Francisco afirmaba acertadamente que los derechos humanos son violados no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos … sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y estructuras económicas injustas que originan las grandes desigualdades. Tal vez es aquí donde deberíamos actuar, sin embargo estamos haciendo lo contrario. Expulsamos a los que nos piden ayuda, encerramos en campos de “concentración” lejos de nuestras fronteras y mediante vergonzosos acuerdos políticos y económicos,  a los que huyen de la violencia; atropellamos de forma cobarde unos Derechos Humanos que para nosotros reclamamos, alimentamos a los dirigentes yihadistas para que aguijoneen a sus fanáticos seguidores informando de forma, en mi opinión, desproporcionada del éxito de sus bárbaras acciones.

 

Comprendo que para los profesionales del periodismo la tentación es grande y que los ciudadanos tenemos derecho a ser informados pero ¿dónde está el límite? Un anuncio de 20 segundos en televisión cuesta entre 14.000 y 26.000 euros si se emite entre las 20:30 y las 23:30 horas[1], si a esto le sumamos los precios de estos espacios en radio y prensa y lo multiplicamos por los cientos de hora y páginas que se dedican a difundir  información, repito que en mi opinión excesiva, sobre este tipo de acciones ¿Cuántos millones de euros reciben como ingresos indirectos los “negociados de marketing” de estos grupos terroristas? ¿No es un macabro aliciente para estos fundamentalistas despiadados leer en un periódico un titular como “Bruselas paralizado por el terror”?

 

Que no estamos haciendo las cosas bien, que este no es el camino; lo ponen de manifiesto los sucesivos fracasos que cuestan la vida a tantos miles de seres humanos así como los millones de personas que ven violados sistemáticamente sus derechos de refugio día tras día, mes tras mes, año tras año, porque nos empecinamos en actuar desde una visión eurocéntrica de un mundo tan irreal como imposible. Levantar muros, tender alambradas, cerrar fronteras, incrementar los medios de vigilancia, proclamar acuerdos injustos e inhumanos, realizar manifestaciones de solidaridad y repulsa, poner flores o rezar, no frenara a aquellos que están dispuestos a inmolarse en defensa de sus ideales por muy absurdos que nos puedan parecer. Y por si fuera poco, recortamos las libertades de los ciudadanos, con la engañosa excusa de reforzar su seguridad. Desde luego yo no tengo la solución, pero estoy seguro que las medidas que se están tomando desde hace décadas no son las adecuadas.

Robert G. Ingersoll, al que apodaron "El Gran Agnóstico", abogado, veterano de la Guerra Civil Estadounidense, afirmaba que: Siempre que un hombre cree que ha recibido la verdad exacta directamente de Dios, no hay en él transigencia alguna. Le falta la modestia que nace de la imperfección de la naturaleza humana; tiene la arrogancia del fundamentalismo teológico y la tiranía que nace de la certeza inherente a la ignorancia. Tal vez Occidente se esté contagiando de esa certeza inherente a la ignorancia y tiene hacia la arrogancia del fundamentalismo democrático. Quizás, entre todos debamos replantear los problemas que tenemos como Humanidad, observándolos desde otras perspectivas más centradas en las personas.

La fotografía que acompaña este texto la recibí hace un par de días, imagino que como muchos de ustedes, y no sé si es real o imaginada. Parece un centro de refugiados de eso en los que pretendemos “ocultar” a aquellos que, huyendo de la violencia o la pobreza, se amontonan cerca de nuestras fronteras “amenazando” nuestro estilo de vida, un estilo de vida cada vez menos solidario y más miedoso, menos tolerante y más egoísta. Tal debiéramos ser nosotros, como ciudadanos de una Europa sin rumbo, los que levantáramos ese cartel: Perdón por lo de Bruselas.

 

[1] http://www.oblicua.es/publicidad/publicidad-tv-television.htm