Domingo, 17 de diciembre de 2017

Entre pasos y monumentos

“Maniatado a punto de comenzar su Vía Crucis, traicionado por un beso, señalando el Reino del Cielo ante la ceguera de los poderosos de la Tierra, agonizando en la cruz y extendiendo sus manos atravesadas en su abrazo de amor y paz que viene desde la otra orilla”
El Prendimiento (Damián Villar, 1948) | Foto: José Fernando Santos Barrueco

En la tarde del Jueves de la Cena se entremezclan estaciones y procesiones. Por un lado, las rutas que muchos describen entre templos, hasta visitar siete donde orar unos minutos ante el Monumento, que no es sino el Pan de la Eucaristía, el mismo Dios, reservado y digno de adoración, arrodillado para lavarnos los pies, entregado por amor a cada uno de nosotros. A su vez, procesionan las cofradías, y llevan a las calles, ante los ojos de aquellos que no entrarán en iglesias y capillas, la misma entrega y el mismo anonadamiento de Jesús. Maniatado a punto de comenzar su Vía Crucis, traicionado por un beso, señalando el Reino del Cielo ante la ceguera de los poderosos de la Tierra, agonizando en la cruz y extendiendo sus manos atravesadas en su abrazo de amor y paz que viene desde la otra orilla, desde la ribera de su nuevo mandamiento. Cuando ya vaya a despuntar un nuevo día, el alba de su Pasión, llegaremos a conocer que su Muerte es Buena Muerte, y que María sostiene piadosa al monumento en su regazo.

Fotografía: José Fernando Santos Barrueco