Sábado, 16 de diciembre de 2017

El Flagelado pasea su elegancia en el desfile más distinguido

Nuestra Señora de las Lágrimas salió en primer lugar de la Clerecía y esperó a su Hijo en la plaza de San Isidro (GALERÍA DE FOTOS)

Noche de arte, noche de elegancia, de penitencia, de suaves mecidas, de color eminencia. Noche de azotes y lágrimas. Noche de Miércoles Santo. Distinción, nobleza y gusto en la noche del Miércoles Santo. Arropado por los sones de ‘Tu manto de oración’,  el ‘Flagelado’, el Cristo torero y elegante, la obra cumbre del mejor escultor español del siglo XVII, Luis Salvador Carmona, cruzó Libreros en uno de los desfiles procesionales más cuidados y serios de la Semana Santa salmantina.

Un cuarto de siglo de la 'Madre'

Antes de que el ‘Jesús torero’ saliera a la calle, lo hizo Nuestra Señora de las Lágrimas, un cambio para provocar el encuentro de los dos pasos en la plaza de san Isidro como gesto conmemorativo del 25 aniversario de la llegada de esta última talla a Salamanca. Por vez primera, Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas, frente a frente, quedaron quietos ante cientos de fieles seguidores. Fue otra de las novedades de la noche, ya que, tras este encuentro de Madre e Hijo, sin pausa ni descanso en ningún momento del recorrido, El Flagelado abrió la noche de Salamanca desde la Iglesia de la Clerecía para protagonizar momentos realmente emotivos en las calles del casco histórico, también en la abierta Plaza Mayor, en un lento caminar en el que el paso no toca jamás el suelo, lo que convierte su carga en una de las más extenuantes y duras de cuantas tienen lugar en Salamanca.

Como mandan los estatutos de la cofradía, tampoco se vieron ni penitentes con pies descalzos ni cadenas ni otros signos típicos de la piedad popular, ya que se exige que cada cofrade interiorice sus vivencias.

Los cuatro angelotes que custodian la imagen de Jesús Flagelado fueron testigos del imponente manto de silencio que cubre la noche en la antesala del gran Triduo pascual, apenas roto por halagadores piropos al comienzo de su desfile.
Junto a la reconocida talla de Carmona, a su costado, la Virgen de las Lágrimas (1977) de José Miguel Peña, acompañada en volandas por los nobles acordes de la Banda de Música de Alba de Tormes, que elevó la calidad de esta eminente procesión salmantina.

Se trata de uno de los desfiles más seguidos de la Semana Santa. La procesión de Nuestro Padre Jesús Flagelado, en carroza de madera de pino portada a hombros por los hermanos, y Nuestra Señora de las Lágrimas que, cada noche de Miércoles Santo, tienen en la Clerecía el punto de partida y regreso. 

Arropados por centenares de personas, el recorrido de los hermanos y hermanas con los pasos se realizó por la Plaza de San Isidro, Libreros, Calderón de la Barca, Pla y Deniel, Rúa Mayor, Quintana, Poeta Iglesias, Plaza Mayor, Prior, Plaza. Monterrey, Compañía, Plaza De San Isidro para finalizar en la Clerecía.
 
Con el acompañamiento musical de la A.M. Virgen de la Vega y la Banda de música de Alba, noche de recogimiento, oración y silencio con el imponente paso de Nuestro Padre, obra de Salvador Carmona, portado por los hermanos que vestían  túnica y capa negras de raso, botonadura morada, capirote y fajín color eminencia, guantes blancos y zapato negro con hebillas plateadas. Jesús Flagelado representa a Cristo recogiendo sus vestiduras tras la flagelación y es uno de los pasos de mayor calidad artística que participa en los desfiles de la Semana Santa, junto con la Piedad, también de Carmona. El recogimiento interno y la oración son el signo de distinción de esta hermandad que quedó plasmado con en el rezo del Santo Rosario, estando prohibido cualquier tipo de penitencia externa.
 
Junto a Jesús Flagelado, Nuestra Señora de las Lágrimas, paso que desfila en carroza de madera, siendo portada por las hermanas de la cofradía. Imagen de 1977, es obra de José Miguel Sánchez Peña que, al parecer, la realizó para una cofradía gaditana que finalmente decidió no quedarse con la imagen. En 1991 fue donada a la hermandad por un hermano siendo bendecida el 12 de enero de 1992 en la iglesia de la Clerecía. Viste saya y manto negros bordados en azabache ciñendo fajín color eminencia similar al que llevan los cofrades en el desfile.

Fotos: Alejandro López

  • Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas, frente a frente