Martes, 12 de diciembre de 2017

Gracias Sr. Bush, muchas gracias.

Es evidente que los únicos culpables de los atentados terroristas son los asesinos yihadistas, pero aun siendo obvio debo afirmarlo con absoluta rotundidez pues no es mi deseo que se tergiversen mis palabras. Los asesinos son los únicos culpables de sus asesinatos. Pero dicho esto debemos retrotraernos a los tiempos en los que Saddam Husein decía aquello de la “madre de todas las batallas” allá por el año 2003, parece una eternidad pero solo han paso 13 años de la Segunda Guerra del Golfo y del “eje del mal” en el que se incluía, junto con Irak, a Corea del Norte y a Irán; se buscaron afanosamente las “armas de destrucción masiva” sin entender que el ejercito de los Estados Unidos de América del Norte conforman un arma de destrucción masiva y que solo ellos tenían esas armas buscadas; invadimos, sí, sí, invadimos, porque España también formó parte de esa invasión, un país soberano que en nada nos había perjudicado ni provocado para alinearnos en el “eje del bien” contra el “eje del mal”. Se dice, no se con que rigor histórico, que esa fue la causa de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Y comenzó “la madre de todas las batallas”.

La Guerra del Golfo supuso la desestabilización de Oriente Medio dando lugar a las llamadas “primaveras árabes”  que resultaron ser unos infiernos y que sumieron en la desgracia y la guerra, con la ayuda del ingenuo occidente, a los países del entorno como Libia, Siria o el mismo Irak. La disolución absoluta del ejército de Husein propició la creación del DAESH, que actúa impunemente como un estado de facto en parte de los territorios de Siria e Irak, como una rama escindida de Al Qaeda y que nació, no se olvide, para enfrentarse a los enemigos invasores de Irak dirigida por Abu Musab al Zarqaui, abatido por los estadounidenses en un ataque aéreo.

Insisto en que no justifico los ataques terroristas. Son asesinos y como tal deben ser tratados, pero el conocimiento de las causas que llevan a determinadas personas a organizarse en comandos y a asesinar inmolándose, es fundamental para, desde el conocimiento, poder combatirlos y derrotarlos y, lo que es aun mejor, para prevenir en lo sucesivo movimientos parecidos por acciones internacionales erróneas.

Si es la madre de todas las batallas, pues aun estamos librando algún de sus escaramuzas.