Viernes, 15 de diciembre de 2017

15 años detrás y un calvario político delante

Tras las elecciones autonómicas de 2015, en las que el hasta entonces presidente de La Rioja, Pedro Sanz, perdió la mayoría absoluta y decidió hacer mutis por el foro, Juan Vicente Herrera se convertía en el decano de los presidentes de comunidad autónoma. Ese decanato lo había ostentado hasta un año antes el presidente de Murcia, Ramón LuisValcárcel, quien en 2014 pidió y obtuvo el plácet de Mariano Rajoy para cerrar su etapa autonómica y presentarse a las elecciones europeas. Por su parte, Sanz se hizo nombrar senador por la comunidad autónoma riojana y, tras las pasadas elecciones generales, ha sido recompensado con la vicepresidencia primera del Senado, puesto del que se resultó desalojado Juan José Lucas.

 
 
Juan Vicente Herrera, año 2001
Ramón Luis Valcárcel y Pedro Sanz fueron plenamente conscientes de que su ciclo político en sus respectivas comunidades se había agotado. Y ambos forzaron su salida hacia otros destinos muy apropiados -el Parlamento Europeo y el Senado- para prolongar plácidamente su trayectoria política. Juan Vicente Herrera era consciente de ese mismo agotamiento y en 2011, habiendo completado ya 10 años de mandato, se presentó muy regañadientes a las elecciones autonómicas, y lo hizo con la esperanza de que la previsible victoria del PP en las posteriores elecciones generales de ese mismo año propiciara su relevo en el Colegio de la Asunción.
 
 Pero no fue así. Rajoy le condenó a agotar por completo la legislatura, con el agravante de que el nuevo gobierno de la nación, lejos de hacer mas llevadera la gestión de la Junta, se convertía con frecuencia en su peor pesadilla. Los continuos encontronazos mantenidos con Cristóbal Montoro y José Manuel Soria no tienen parangón en las relaciones entre dos gobiernos del mismo partido. Razón de más para que Herrera tuviera plenamente decidido que por nada del mundo se presentaría de nuevo a las elecciones de 2015.
 
 Pero llego la hora de la verdad y Rajoy volvió a engatusarle, en el entendimiento de que, tras ganar otra vez por mayoría absoluta las elecciones autonómicas, tendría las manos libres para designar sucesor -en este caso, sucesora- y cerrar por fin su etapa al frente de Castilla y León. Pero todo el plan se vino abajo con estrépito al esfumarse la mayoría absoluta que el PP había venido renovando, elección tras elección, desde 1991.
 
 En realidad, visto el cheque en blanco que luego le suministraría Ciudadanos, Herrera podría haber mantenido el guión y haberse ido como lo hizo el riojano Pedro Sanz. Pero cometió el error de amenazar con una insólita espantada, cuestionó el liderazgo de Rajoy -que no otra cosa fue aquella recomendación de que se mirara al espejo- y permitió que el Portavoz de la Junta pidiera en rueda de prensa oficial la dimisión del ministro de Industria. La respuesta de Rajoy ante el conato de espantada fue muy clara: “Si te quieres ir te vas, pero a tu  sucesor lo designa Génova”.
 
Mariano Rajoy y Juan Vicente Herrera
Y Herrera optó por quedarse en la confianza de que una derrota en las elecciones generales terminara con el liderazgo de Rajoy, cosa de que de momento no ha ocurrido.
 Por el contrario, lo que se produjo fue el nombramiento del zamorano Fernando Martínez Maillo como vicesecretario nacional de Organización del PP, cuya presencia en Génova suponía todo un revés para el presidente de la Junta.
 
  El hecho es que, atrapado en su propio laberinto, Juan Vicente Herrera ha cumplido este Sábado de Dolores su decimoquinto aniversario como presidente de la Junta. El día anterior la comisión parlamentaria de investigación constituida sobre el Hospital de Burgos acordaba incluirle entre los 56 comparecientes citados para intentar esclarecer el multimillonario sobrecoste de dicho centro hospitalario. ¿Quién le iba a decir a Herrera, quien hace dos años ordenó al grupo popular vetar esta misma comisión, que iba a acabar siendo citado ante ella dar explicaciones sobre uno de los grandes fiascos que jalonan su gestión?
 
 “Algunos tenemos más pasado que futuro”, había repetido frecuentemente antes de presentarse a un quinto mandato como presidente de la Junta. Y estaba cargado de razón. 14 años en ese cargo -Lucas no llegó a 10- pedían a gritos un relevo, y mucho más cuando él mismo había votado en las Cortes a favor de la limitación de mandatos. Resultaba evidente que se trataba de un candidato con abultada mochila. Con demasiados años de gobierno de mayoría absoluta a sus espaldas como para que tan dilatada gestión no se viera salpicada por la menor mácula de corrupción.
 
Hospital de Burgos
Así pretendía hacérnoslo creer Herrera hasta hace año, cuando se permitió excluir a Castilla y León del mapa de la corrupción en España. El informe de la Agencia Tributaria que destapó la “trama eólica” y sigue investigando la Fiscalía Anticorrupción no tardó en desmentir tan osada afirmación. Bastante antes, Anticorrupción había denunciado ante los Juzgados de Valladolid el doble caso Perla Negra-Polígono de Portillo, en el que se investigan, entre otros, presuntos delitos de prevaricación, malversación, tráfico de influencias y fraude a la Administración.
 
Una causa ésta ultima que a partir de mayo va a obligar a desfilar ante el juez en calidad de investigados a seis actuales altos cargos de la Junta antiguos consejeros de las empresas publicas Gesturcal y ADE Parques. Valiéndose de su capacidad de bloqueo, el PP podrá seguir obstaculizando el trabajo de la comisión parlamentaria constituida de investigar tan turbios asuntos, pero el recorrido judicial de los mismos parece imparable; y las responsabilidades políticas, siquiera sea “in eligendo” e “in vigilando”, también.
 
  Si a este panorama se añade que Ciudadanos, defraudado por el torticero uso del cheque en blanco con el que apoyó la investidura, ha decidido dejar de mirar para otro lado ante las crecientes vergüenzas políticas que afloran en la Junta, las continuas  largas de su presidente a la regeneración democrática y sus golpes de pecho ante la corrupción. Con todo ello se comprende que el decimoquinto año de Herrera en el colegio de la Asunción no pueda calificarse precisamente como triunfal. Y por delante se vislumbra un largo y tortuoso calvario político…