Martes, 12 de diciembre de 2017

Cuando el Cristo mira a su calle

“Entre cardos los mira y los bendice, al pasar por la calle de los Doctrinos, el Cristo de la Fe”
Cristo de los Doctrinos | Foto: José Fernando Santos Barrueco

Lo hace ya de regreso, Compañía abajo, cuando casi nadie se ha quedado para dar fe de su octava palabra, que no brota de sus labios amoratados sino de sus ojos yertos. Es una palabra hecha mirada compasiva. Porque a la vuelta, una vez que la azul comitiva se ha postrado ante el sagrario catedralicio y ya es momento de retornar a casa, el Cristo mira a su calle y así mira a los suyos, a los niños de la Doctrina, colegiales de orfandad y penurias, adoptados como hijos y puestos bajo su amparo de desamparado reo. Entre cardos los mira y los bendice, al pasar por la calle de los Doctrinos, el Cristo de la Fe. Sin apenas testigos los acoge un instante el Cristo de los Doctrinos, y con ellos arropa a los que dejaron su casa en Siria y terminaron ahogados en el Mediterráneo, a los que murieron de hambre o de epidemias en África y nadie supo de ellos, a los que fueron violentados en su inocencia de cualquier manera, a los que no les fue permitido nacer pese a que estaban vivos… Poco después llega Ella, y aun sumida en la Amargura, los mira como la Madre que les falta.

Tomás González Blázquez, hermano de la Vera Cruz