Domingo, 17 de diciembre de 2017

Tres veces santo

“Jesús que entrega todo, se despoja de todo, se abaja hasta rebajarse a la muerte, que siendo rico se hace pobre para enriquecernos con su pobreza”

En pocos días como el Domingo de Ramos puede explicitarse tan bien la complementariedad entre la Liturgia, por la que Dios nos derrama su amor, y la piedad popular, desde la que a Él nos dirigimos confiados. Si en la Misa primero recordamos su entrada triunfal en Jerusalén y luego nos conmovemos con el relato de su Pasión, en las procesiones salmantinas contemplamos esa aclamación del pueblo a su Rey, luego cómo es despojado de toda vestidura regia y, finalmente, su clemencia divina desde el trono de la cruz, perdonando a sus verdugos, porque no sabemos lo que hacemos. Jesús que brinda su amistad a los niños, a los más pequeños, a los inocentes, a los que nadie tiene en cuenta. Jesús que entrega todo, se despoja de todo, se abaja hasta rebajarse a la muerte, que siendo rico se hace pobre para enriquecernos con su pobreza. Jesús que perdona a los enemigos hasta setenta veces siete, que tampoco condena y nos envía a no pecar más, que espera cada día para darnos el abrazo a nuestro regreso y hace una fiesta si volvemos a casa. Santo, Santo, Santo. Tres veces santo en el Domingo de Ramos de la Pasión del Señor.

Tomás González BLázquez

Fotos: Miriam Labrador y José Fernando Santos Barrueco