Martes, 12 de diciembre de 2017

Donde está lo que salva (pequeña letanía)

Homenaje a Friedrich Hölderlin, “Patmos”
            En la sonrisa de los niños, se encuentra lo que salva.

           En los refugiados, tan abandonados de todos, que escapan de las guerras y violencias, y llevan a los suyos para salvaguardar su existir y su dignidad, se encuentra lo que salva.

            En la entrega de maestros y maestras, para abrir en sus alumnos y alumnas la melodía de la civilización y de la luz, se encuentra lo que salva.

            En la desobediencia pacífica de Bartleby, el escribiente, –“–Preferiría no hacerlo”, nos dice de continuo–, se encuentra lo que salva.

            En el continuo ofrecimiento de ese voluntariado generoso, que entrega generosamente su vida a la precariedad de los otros, de los más desatendidos e indefensos, de los más humillados y postrados, se encuentra lo que salva.

            En las labores más humildes, pero tan imprescindibles y necesarias, en que se ocupan día a día la mayor parte de los seres de la humanidad, se encuentra lo que salva.

            En el grito que el poeta lanzaba hacia Roma, desde un rascacielos de Nueva York, porque quería que se cumpliera la voluntad de la tierra, que da sus frutos para todos, se encuentra lo que salva.

            En el trabajo de todos los sanitarios y sanitarias, que en dispensarios, clínicas, hospitales, visitas a domicilio…, atienden las enfermedades y dolencias, al tiempo que cuidan por la salud de todos, se encuentra lo que salva.

            En las últimas palabras que pronunció hace ya siglos un crucificado, antes de expirar, se encuentra lo que salva.

            En el desprendimiento, entrega y cuidado de las madres, como ángeles siempre de los suyos, se encuentra lo que salva.

            En los sueños de las gentes, que les permiten sobreponerse de tantas precariedades que padecen y viven, se encuentra lo que salva.

            En los seres generosos y no calculadores, en quienes desatienden deliberadamente sus intereses, por considerarlo una perspectiva mezquina, y miran siempre por el bien común de todos, se encuentra lo que salva.

            En aquel Alonso Quijano, que un día, cambiando su nombre y sus atuendos, salió al mundo a redimir todas las causas perdidas y a quienes las padecen y soportan, se encuentra lo que salva…

            (Homenaje a Friedrich Hölderlin, “Patmos”)

 

En la fotografía, El Despojado, de Miriam Labrador